Certificar elecciones

El quehacer institucional es revisado periódicamente por auditores externos. Las certificaciones profesionales y rigurosas permiten confianza

Por Yuri G. Beltrán

Consejero del IECM  

Twitter: @yuribeltran

Inició un periodo de consulta en torno a un proyecto de Norma Mexicana (NMX) en materia electoral. Ello ha generado un debate acerca de los beneficios y riesgos asociados a un sistema de gestión de calidad auditado de manera externa.

  • El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) está certificado bajo una norma similar, pero de naturaleza internacional, la ISO/TS 54001:2019.

Se trata de una especificación técnica impulsada por la Fundación ISO, las Comisiones Europea y de Venecia, IDEA Internacional y la Organización de Estados Americanos (OEA). Esta última alberga al instituto encargado de acreditar  las casas certificadoras, validar a los auditores y estandarizar los procesos de revisión.

Toda vez que el instituto electoral capitalino es el único organismo mexicano que cuenta con esa distinción internacional, su experiencia puede aportar luz sobre el tema.

La decisión de buscar la certificación fue adoptada por las y los consejeros del IECM, en ejercicio de la autonomía que protege a la institución.

Decidimos sujetarnos a los más altos estándares internacionales con dos propósitos: garantizar que los servicios sean satisfactorios para la ciudadanía y demostrar la capacidad de gestionar elecciones libres y ofrecer resultados confiables, transparentes y justos.

Fue necesario rediseñar buena parte de los procesos esenciales. Se incorporó el principio de mejora continua que obliga a medir todas las actividades institucionales en términos de cumplimiento de leyes y satisfacción de usuarios.

Además, se implantó el pensamiento basado en riesgos que conlleva a pensar anticipadamente planes de contingencia “en caso de que algo salga mal”.

El quehacer institucional es revisado periódicamente por auditores externos (independientes) que analizan no sólo la sujeción del IECM a la referida norma de calidad, sino también a las leyes aplicables.

Los beneficios están a la vista. Por un lado, mayor eficiencia en el uso de recursos. Por otra parte, una exigencia muy alta en la calidad de los servicios ofrecidos. Además, una cultura organizacional que detecta oportunamente los problemas y plantea soluciones de raíz.

Las certificaciones profesionales y rigurosas permiten la confianza, aun en los casos en que los usuarios no conocen todos los detalles de actividades complejas.

Por eso creemos en los medicamentos avalados por autoridades competentes, pero desconfiamos de aquellos que no.

Del mismo modo, Kofi Annan pensaba en las certificaciones internacionales como un “estándar de oro” al que pudieran aspirar organismos interesados en mejorar la confianza a partir de ofrecer elecciones de calidad óptima.

Si la pretendida Norma Mexicana se limita a transcribir y reflejar lo estipulado por la ISO-electoral, su contenido podría no presentar problema y servir como guía a buenas prácticas. Hay organismos en México con calidad excepcional.

El reto está ahora en la independencia e integridad de los procesos de certificación y auditoría que necesariamente tendrán que realizarse a partir de la implantación voluntaria.

  • Son precisamente esos ingredientes los que han dado solidez al sistema de certificación internacional que ha hecho de la ISO electoral el estándar de mayor exigencia y credibilidad a nivel mundial.

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