Alerta Amber
Por Luis Wertman* Cada vez sucede menos, pero fue una escena muy común cuando una mamá o un papá acudía a reportar la ausencia de una hija o de un hijo. Antes, ocurría el peregrinar por falta de información para saber cómo y en dónde podía solicitarse la ayuda de ...
Por Luis Wertman*
Cada vez sucede menos, pero fue una escena muy común cuando una mamá o un papá acudía a reportar la ausencia de una hija o de un hijo. Antes, ocurría el peregrinar (por falta de información) para saber cómo y en dónde podía solicitarse la ayuda de las autoridades para localizar a una persona que lleva muchas horas sin hacer contacto con sus familiares. Luego, se podía enfrentar un diálogo que no siempre era el adecuado.
“Espérese, seguro está con el (la) novio (a), ya va a aparecer”, era en varias ocasiones la respuesta que se daba desde los escritorios oficiales, provocando una angustia indescriptible en las familias, porque el tiempo transcurre de manera muy distinta cuando estamos en medio de una emergencia, sufrimos un percance o somos víctimas de un delito.
En este tipo de casos, los minutos son fundamentales y la respuesta inmediata es crucial para evitar una tragedia. De ese principio surgió la Alerta Amber, un eficaz mecanismo de coordinación, colaboración y comunicación para hallar a personas ausentes. Comprender cómo se desarrolla el proceso por medio del cual perdemos contacto con alguien cercano y ha permitido que muchas instituciones sigamos un protocolo específico que se activa en cuanto una alerta es emitida.
De esta manera, juntos, hemos podido encontrar niños, jóvenes y adultos que, de manera inesperada, pierden contacto con sus familiares y amigos. Incluso, la Alerta Plateada nace de una iniciativa completamente ciudadana cuando un grupo de capitalinas se da cuenta que diariamente pueden extraviarse hasta 12 adultos mayores en las calles de la Ciudad de México.
A lo largo de los años, la Alerta Amber se ha convertido en un ejemplo de apoyo institucional y social para quienes atraviesan por una emergencia de este tipo. Sin embargo, el proceso para acreditarla aún daba un lapso para confirmarlo como una ausencia. Aunque nunca ha sido la norma, podían perderse horas valiosas para ubicar a personas extraviadas.
Este lunes, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, José Ramón Amieva Gálvez, anunció en la sede de la Comisión de Derechos Humanos de la capital que el protocolo de actuación para atender a niños, niñas y adolescentes se modifica con el propósito de emitir una alerta en cuanto se reporte la ausencia en estos casos.
La decisión no es menor. Si bien los mecanismos oficiales para encontrar personas en esta ciudad son muestra de que podemos estar coordinados como sociedad, aún experimentábamos rechazos o justificaciones para cubrir las 72 horas establecidas antes de llevarlo a una alerta.
Cuando hablamos de estos casos solemos concentrarnos —con toda razón— en aquellas personas que nos faltan, las que se fueron y demandamos que regresen con bien. Es un reclamo justo que toda sociedad jamás debe abandonar.
No obstante, en diez años me ha tocado atestiguar muchos momentos en los que la Alerta Amber y otros mecanismos de búsqueda han logrado reunir a las personas extraviadas con sus familias y sus cercanos.
Si la ausencia es desgarradora, apreciar el instante en que se confirma la aparición de quien ha estado ausente, y aún más el reencuentro con sus familiares, no puede ser descrito en su totalidad con palabras.
Desde el menor que alza la vista y corre hacia sus padres, hasta el adolescente que no puede verlos a los ojos porque se da cuenta de lo que acaba de ocurrir, hallar a quien se busca porque de pronto ha desaparecido, es lo más cercano que he visto a un milagro.
También deja una sensación de bien y de bondad que permite pensar que somos una sociedad solidaria más allá de las tragedias o de la catástrofe. Añado un dato: prácticamente todos los días puede haber una alerta.
Así que tomar la decisión de no esperar, de actuar con urgencia y reducir el tiempo de espera es un acto oficial que va más allá de la política pública; es una decisión que se ajusta a una realidad ciudadana que un gobierno inteligente quiere adoptar.
En lo cotidiano, no olvidar las ausencias y exigir una explicación al respecto es una obligación moral y cívica; celebrar que haremos todavía más para evitar que suceda en la Ciudad de México es un reconocimiento a quienes se han comprometido con mejorar la manera en que colaboramos como sociedad.
Twitter: @LuisWertman
