El rey Juan

Por Fernando Cué No creo que al maestro Juan Soriano, tal como aquel rey del cuento atribuido a Hans Christian Andersen, allá por el año de gracia de 1837 y que lleva por título El traje nuevo del emperador, le importaría presentarse en público completamente ...

Por Fernando Cué

No creo que al maestro Juan Soriano, tal como aquel rey del cuento atribuido a Hans Christian Andersen, allá por el año de gracia de 1837 y que lleva por título El traje nuevo del emperador, le importaría presentarse en público completamente desnudo, no, estoy seguro que no le importaría, de hecho, le daría risa. Pues así será inaugurado el museo dedicado a su obra Completamente desnudo, sin una sola obra del maestro, desnudo como en el cuento en el que, a decir de los sastres charlatanes que fabricaron el traje del emperador, sólo podría ser visto por aquellas personas que realmente fueran hijos de quienes todos creían que era su padre, y solamente aquellas personas cuyos padres no eran tales no serían capaces de ver la prenda. En nuestro caso, la obra de Juan Soriano.

Así sucederá el día de la inauguración, que ha sido anunciada para el miércoles próximo: ¿Quiénes asistirán a tan distinguida gala inaugural? ¿Será que “sólo aquellas personas que realmente sean hijos de quienes todos crean que es su padre” podrán tener acceso a las hermosas obras del maestro Soriano y, desafortunadamente, aquellas personas cuyos padres no sean tales no serán capaces de ver la obra? Aquí falta distinguir quién es el padre del museo. Si, como los sastres del cuento, resulta que son charlatanes y como los criados que fueron enviados por el rey a comprobar cómo iban los trabajos y que por no poder verlo y consecuentemente no aceptar que no eran hijos de quien se suponía eran sus padres vieron el traje del emperador y le comunicaron que era bellísimo y loaron a los sastres con elogios, será en este caso que los invitados a la inauguración podrán disfrutar de las obras de Juan en su museo. Llegará el día, al igual que en el cuento, en que el rey sale a caballo en público y el pueblo lo veía completamente desnudo y callaba sabedor de la rara cualidad de la vestimenta hasta que un pobre niño inocente gritó: “¡El rey va desnudo!”. Así llegará la inauguración del Museo Juan Soriano, donde seguramente, como en el cuento —y siendo ajenos a la creación del recinto—, asistirán sólo bastardos y al ver vacías las salas no tendrán más remedio que admitir serlo o mentir y mostrarse admirados por las obras del maestro. Incluso habrá coctel de honor —éste sí será real—, al igual que un gran discurso y demás actos políticos, pero no habrá otra cosa. Habrá quienes no estaremos invitados al magno evento, quienes no veremos nada y no tendremos nada que comentar, pero seguiremos teniendo la certeza de ser hijos de nuestros queridos padres.

*Fernando Cué es director del Museo Güelu / Cuernavaca, Morelos.

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