Diana Doble
Establecimientos de Garibaldi y la Roma ayudan a generar condiciones para que las mujeres no sean molestadas al divertirse
Por norma, cualquier acción, programa o mesa de trabajo del Consejo Ciudadano debe tener un método y una manera clara de medir su éxito (o su fracaso).
Usualmente, nuestras tareas se enfocan a prevenir y a modificar conductas nocivas, que al corregirse mejoran nuestra calidad de vida. Otro enfoque muy importante es la atención a todo tipo de víctimas en la Ciudad de México.
Una de las actividades que cae en ambos lados de la construcción de ciudadanía es el respeto absoluto que debe guardarse hacia las mujeres capitalinas.
Aunque en el discurso parecemos de acuerdo con ello, la realidad es distinta. Acoso, discriminación, despidos injustificados o salarios inequitativos son algunos de los rasgos que nos demuestran que aún nos falta mucho para alcanzar la igualdad.
Cada fin de semana, además, muchas mujeres viven auténticas historias de terror cuando su intención inicial era pasar un buen rato, ya sea solas o acompañadas.
En bares, fiestas, centros nocturnos o restaurantes, el abuso en el consumo de alcohol saca lo peor de nosotros. Y eso deriva, en muchas ocasiones, en violencia.
Por ello, hace varias semanas, en conjunto con los restaurantes y establecimientos de Plaza Garibaldi, las autoridades y la policía iniciamos un programa llamado Diana Doble, enfocado a prevenir y denunciar agresiones en sitios públicos.
Esta estrategia se ha aplicado en otras grandes ciudades y es la primera vez que se lleva a cabo en nuestra capital. El objetivo es mandar un mensaje de que las mujeres no están solas cuando una cita o una visita a un establecimiento no resulta como se esperaba.
Antes de hacerlo público realizamos varias pruebas para medir su eficacia. Varios casos de mujeres que al ver un letrero en el espejo del baño pueden acudir a la barra y pedir una “diana doble”, con diferentes significados, para suspender el mal rato e incluso regresar a casa en un taxi, todo bajo la protección del lugar, el cual ha sido capacitado.
Un ejemplo fue el de tres amigas que salieron a divertirse a Garibaldi con un cuarto amigo que conducía el auto. Pasadas las horas –y las copas–, el joven empezó a molestarse y a perder la cabeza. El asunto llegó a tal grado que las tres amigas pidieron la bebida de rescate y retornaron a sus domicilios, mientras el “amigo mala copa” tuvo que pagar la cuenta.
En 14 establecimientos de Garibaldi y la Roma hoy ayudan a muchas personas a evitar no sólo el acoso en lugares públicos, sino que además generan las condiciones necesarias para que ninguna mujer sea molestada mientras se divierte.
Éste es un programa que inicia y cuyo propósito es que se vuelva una política en los miles de sitios que existen en la ciudad. Éste será nuestro caso de éxito y el prototipo de que puede funcionar y extenderse al resto de la capital.
De nuevo, cualquier agresión a una mujer es condenable e inadmisible, pero es importante pasar a los hechos y prevenir, porque una ciudad que respeta a las mujeres es la que evita que las agresiones ocurran.
