Construir lo bueno
Por Luis Wertman Durante el espacio de dos semanas recibí muchos comentarios acerca de la última colaboración publicada en este espacio. Desde peticiones para profundizar en las maneras en que podemos mejorar urgentemente nuestra calidad de vida hasta reclamos ...
Por Luis Wertman
Durante el espacio de dos semanas recibí muchos comentarios acerca de la última colaboración publicada en este espacio.
Desde peticiones para profundizar en las maneras en que podemos mejorar urgentemente nuestra calidad de vida hasta reclamos desmintiendo que los capitalinos nos acostumbremos a los malos hábitos con rapidez.
Una opinión en particular me pareció relevante (aunque aprecio y tomo en cuenta todas) y pedía que escribiera más sobre los “cómos”, porque los “qué” ya los sabíamos, y si había alguna duda, bastaba con salir a cualquier calle de la ciudad.
Cambiar el entorno, cambia el comportamiento. Ése es el principio que guía la modificación de los diez comportamientos identificados por el Consejo Ciudadano y cuya prevención no sólo beneficia de inmediato esa calidad de vida tan deseada, sino que además impacta en los niveles de seguridad.
No hace mucho, antes de las obras en la Zona Rosa, la calle de Génova era (o es) un paso tortuoso para miles de personas que salen de la Glorieta de Insurgentes hacia Paseo de la Reforma. Los rascacielos llenos de oficinas han multiplicado el número de ciudadanos que acuden en transporte público al principal corredor de nuestra capital. Como era de esperarse, entre los negocios de comida rápida, las tiendas de ropa y demás giros comerciales, la calle nunca estaba limpia. Así que decidimos modificar el entorno y ver qué ocurría.
Con el apoyo de los comercios (no siempre de inmediato), de las autoridades delegacionales (que siempre tienen reserva por lo que implica la acción) y de los vecinos de la zona pedimos que no se barriera durante una quincena; porque lo haría la gente, junto con los encargados de los negocios y el Consejo Ciudadano. Para recoger y llevar los desperdicios, un equipo de tres colaboradores habilitados para ello se coordinaría con los camiones recolectores. El objetivo era mantener limpia Génova en todos sus tramos con la intervención de los que ahí convivimos.
Una de las razones por las que los botes de basura en la calle no funcionan es debido a que algunos comercios y algunos vecinos los toman como propios. Para cuando llega la hora de entrada de las oficinas, quien desea depositar un vaso de cartón o un pañuelo desechable se encuentra con un bote público lleno. Es cuestión de unos minutos para que desborde y pocas cosas afectan tanto a la percepción humana como la basura en el piso. Así que convencimos a negocios y vecinos para que lo evitaran.
Días antes, aplicamos una encuesta para saber qué tan seguros se sentían los usuarios de la zona cuando caminaban por Génova (la cual, además es una calle peatonal). La respuesta mayoritaria era la sensación de absoluta inseguridad. Al preguntarles qué se necesitaría para mejorar esa impresión, respondieron lo lógico: ver más policías, mejorar el alumbrado, más patrullas en la zona.
Por una quincena, cada negocio y vecino se hizo responsable de mantener su pedazo de calle limpio desde la mañana hasta la hora de cierre, incluyendo las jardineras. El equipo de limpia coordinaba con los camiones la recolección en los mismos horarios ya establecidos y Génova estuvo sin basura o con tanta menos que se notaba la diferencia.
Al término del experimento volvimos a encuestar (a ninguna hora faltan posibles encuestados a la salida de la estación del Metro Insurgentes) y les preguntamos lo mismo. La respuesta era, por decir lo menos, muy distinta. La mayoría se sentía seguro caminando por la misma calle y cuando pedíamos que explicaran por qué, las respuestas iban desde que había más policías, más patrullas, hasta que estaba mejor iluminado... aunque ninguna de las tres afirmaciones era cierta, porque la presencia policiaca era la misma y las luminarias prendidas también. Sólo se había mantenido limpia la calle todo el tiempo. Incluso, la basura generada al paso se redujo drásticamente y la coordinación con los camiones mejoró a lo largo de la jornada.
De la misma forma en que no permitimos que nuestra casa se ensucie o nos pone de nervios hacer sobremesa con los trastes acabados de usar y tampoco ponemos un bote de basura en la sala para nuestros invitados, la sensación de seguridad y bienestar que genera la limpieza funciona en la que debería considerarse nuestro segundo hogar: la Ciudad de México.
Esta acción la hemos llevado a cabo en cientos de calles de la capital, siempre con el mismo resultado. No importa si se trata de una avenida principal o una calle pequeña. El objetivo es demostrar que entre todos podemos convivir mejor, aún si no nos damos cuenta de las causas.
Y para eso nos bastamos nosotros mismos, no hace falta demasiada autoridad o reglas que castiguen. Es simplemente reforzar un principio básico que aprendimos en casa: la ciudad limpia no es la que recoge la basura, la ciudad limpia es la que no la tira.
Twitter: @LuisWertman
