Acostumbrarse a lo bueno

Los capitalinos aceptamos, con cierta rapidez, las faltas menores que a diario se repiten y que a la larga desembocan en los grandes problemas

Por Luis Wertman Zaslav

Existe la creencia de que nos acostumbramos a lo malo. De acuerdo con una encuesta reciente, los capitalinos aceptamos, con cierta rapidez, las faltas menores que a diario se repiten y que a la larga desembocan en los grandes problemas que padece la ciudad.

Desde hace una década, el Consejo Ciudadano identificó diez comportamientos (malos hábitos) que, si los redujéramos y evitáramos, nuestra calidad de vida mejoraría notablemente.

Todas las capitales del mundo y las ciudades con millones de habitantes tienen una lista similar de actitudes que deterioran la imagen que tenemos de nuestro entorno y que son el origen de retos sociales mayores.

Cada uno es resultado de un profundo análisis científico acerca de nuestra conducta, que debemos a la gran guía del exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, y con una metodología para cambiar el mal hábito y medir el antes y después bajo diferentes variables. Y si pensaba que estos diez malos comportamientos impactan también en la seguridad pública, está en lo cierto.

Tomemos uno de los más comunes: no depositar la basura en su sitio. Todos los días, miles de ciudadanos tiran basura en las calles de la Ciudad de México. Ya sea un “papelito”, el vaso de cartón del café o la colilla del cigarrillo, los propios habitantes generamos toneladas a través de pequeños desperdicios.

Ese hábito no sólo provoca que se tapen coladeras y drenajes. Observar basura en la calle, aunque conscientemente ya no lo notemos, afecta directamente nuestra sensación acerca de la seguridad en una calle y en una zona; pero no se detiene ahí, la falta de limpieza envía un mensaje directo al delincuente de que se encuentra en un sitio en el que podría actuar.

Si a ese descuido le sumamos una mala iluminación, pocas personas conviviendo (por miedo a ser víctimas de un crimen) y la indiferencia como vecinos, entonces el criminal tiene las condiciones que necesita para afectarnos.

Otro, es el cuidado del agua. Sin el líquido es inútil hablar de cualquier asunto futuro de la ciudad. Aún así, el valor social que le damos a su preservación es bajo, frente a la enorme necesidad que tenemos de ella.

Por ejemplo, en la dinámica de este comportamiento, el Consejo Ciudadano demuestra en vivo cuántos litros desperdiciamos cuando dejamos correr la llave del lavabo al rasurarnos o lavarnos los dientes. Nuestra estimación es que, si la mayoría cerráramos la regadera mientras nos enjabonamos, Iztapalapa no sufriría de escasez. Como lo lee.

En muchas ocasiones, los mismos vecinos miran al cielo cuando les explicamos que no recoger las heces de su animal de compañía impacta en los niveles de seguridad en su colonia. Aunque no se aprecia a simple vista, quien las deja en el parque público o en la banqueta, comunica descuido y falta de atención.

Lo curioso es que en el primer concurso entre vecinos que organizamos para mantener limpia una calle de heces de animales de compañía —sin la intervención de las autoridades, la limpieza la haríamos los propios ciudadanos durante varias semanas— la persona que mantuvo mejor la zona ¡no tenía mascotas! Al preguntarle por qué lo había hecho, su respuesta fue aleccionadora: yo vivo aquí y quiero mi calle limpia.

La lista completa de los comportamientos y la lógica científica detrás de su modificación la encontrará en www.consejociudadanodf.org.mx involucra tanto evitar tirar el chicle al piso como respetar a las mujeres en el transporte y en la vía pública. De ahí nace la convicción que tenemos de que el cambio de hábitos es posible, porque hemos comprobado que cada uno puede ser corregido con los incentivos adecuados.

Una última reflexión optimista. Hasta donde sé, somos los mismos capitalinos de hace tres meses, esos que se lanzaron a las calles a ayudar a otros en desgracia, cargar en cadena víveres y botellones con agua en medio de la lluvia o sacar escombros en la madrugada. No lo olvidemos.

                Twitter: @LuisWertman

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