Un mes

El siguiente reto es darle cauce al movimiento de solidaridad y traducirlo en sistemas sociales.

LUIS WERTMAN ZASLAV

Regreso a la fuente de la Cibeles diez minutos antes de la una de la tarde del jueves pasado. Paseo la mirada por los edificios, los comercios cerrados y abiertos, las grietas, las personas, y siento esa calma extraña que se respira un mes después del terremoto.

Acudimos, principalmente, para no olvidar. Fueron semanas intensas que sacaron lo mejor de nosotros en la desgracia, pero todavía falta mucho por hacer.

La ayuda llegó sin límite y de todos lados. Fue la desorganización más organizada que he visto. Hoy nos aferramos a ella porque nos dio sentido y nos forjó identidad; pero no perdamos el foco, ahora viene la reconstrucción. Y este proceso debe ser absolutamente transparente, de cara a la sociedad capitalina y con mucha eficacia.

El siguiente reto es darle cauce al movimiento de solidaridad que surgió y traducirlo en sistemas sociales que nos permitan prevenir y enfrentar el siguiente fenómeno natural. Porque no quiero espantar a nadie, volverá a ocurrir y debemos estar preparados.

Esta misma semana lanzamos con la ONU y el gobierno de la Ciudad una plataforma de voluntarios a la que todos debemos inscribirnos.

Desde www.consejociudadanodf.org.mx puedes acceder a Voluntarios de Corazón e ingresar tus datos (siempre protegidos). Ahí tú decides cómo puedes ayudar y por cuánto tiempo. Además, podremos capacitarnos y seguir en contacto, igual que en las calles.

No soltarnos es una tarea permanente. Estar mejor preparados, también. Lo que aprendimos en cada uno de los puntos de colapso es el inicio de un auténtico voluntariado que actúe coordinado en la emergencia. Éste no es el final, es el inicio de una ciudad resiliente en todo el sentido de la palabra, por eso hay que estar conectados.

Son las 13:14 en punto y levantamos el puño, como muchas veces antes. En unos momentos fue con desesperación, en otros fue para mostrar nuestra fuerza moral por encima de los escombros.

Pasan tres minutos larguísimos por los recuerdos de aquel martes 19 y los días posteriores. Veo dolor, algunas lágrimas y todavía tristeza entre mis compañeros del Consejo, aunque en nadie aprecio miedo, todo lo contrario, hay un valor descomunal que me reconforta.

Va mi reconocimiento a los miles de brigadistas, voluntarios, soldados, bomberos, empresarios, marinos y policías locales y federales que estuvieron codo a codo con nosotros. Son héroes.

Al equipo del Consejo y a nuestros consejeros mi agradecimiento para siempre, es un privilegio encabezar a esta organización civil.

A la sociedad capitalina sólo les escribo esto: si hay una siguiente vida, quiero volver a ser chilango, quiero volver a ser mexicano.

No olvidemos. Nada. A nadie.

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