Déjà vu 2, colapso cero

Eugenio Castillo Las sutiles fibras que forman las hebras que colorean el tapiz de nuestra historia fluyen de muy diversos veneros. Por supuesto, entre ellos está el de la sangre. Por ahí navega la vida, incluso cuando deja de serlo. Matizada en emociones de una gama ...

Eugenio Castillo

Las sutiles fibras que forman las hebras que colorean el tapiz de nuestra historia fluyen de muy diversos veneros.

Por supuesto, entre ellos está el de la sangre.

Por ahí navega la vida, incluso cuando deja de serlo.

Matizada en emociones de una gama insospechada.

Tonos de euforia y algarabía se mezclan con los del dolor y tristeza profunda.

El del anhelo ilusionado comparte lienzo con el de la estrepitosa depresión.

Y de esta suerte se entreveran el azoro y la fantasía infantil, con el decrépito y acérrimo descreimiento.

Vivimos en un sitio señalado para ser imperio y lo fuimos.

Hoy nos toca ser imperio de hermandad y también lo hemos logrado, al ser la sangre que vitaliza sus arterias, al acarrear el alimento que requieren las células hermanas, o formar anticuerpos que retiran el escombro que las atrapa.

Esa experiencia nos liberó del falso mensaje, de que somos enemigos naturales y debemos desconfiar unos de otros.

No existe el otro.

Somos células de un mismo organismo.

Todos sus órganos colaboran entre sí.

El corazón no riñe con el hígado.

El páncreas no envidia a los riñones.

Los pulmones no escatiman recursos a la sangre.

Existe la salud, gracias a la conciencia de ser uno.

No puede haberla si un grupo queda excluido.

Hoy, la experiencia que nos hermana abre la visión a un futuro sano.

Es momento de refundar el proyecto.

Es tiempo de replantear la invocación de nuestro himno.

No es la osadía de un ajeno la que nos constriñe y amenaza, sino la propia división.

Cuando el estrepitoso cañón de los suelos resuene, el puño del silencio gritará más alto:

¡Que nuestra Patria engendra en cada hijo un voluntario!

El águila de nuestro espíritu dominará de nuevo las debilidades nuestras.

Ya no al contrario.

Negarlas es lo que nos somete, no el tenerlas.

Ellas han sido también maestras de nuestro aprendizaje cuando hemos sabido reconocerlas y están representadas por el reptil en el emblema de nuestra identidad.

El fruto de nuestra experiencia es futuro.

Más sencillo que el modelo antiguo.

Es torpe ser enemigos de nosotros mismos.

No son tanto nuevas leyes lo que nos falta.

Es una nueva conciencia.

Somos responsables.

Somos capaces.

Somos libres.

Somos un grupo que nace unido de esta experiencia, una nación nueva.

Y entonces, ¿que fue lo que ocurrió?

Junto a cada edificio desplomado hubo más que no cayeron.

Podemos generar un compendio de las causas de derrumbe más frecuentes.

¡Corrupción!, señalan como la primera todos a quienes pregunto.

Pero, ¿corrupción?, ¿cuando pagas para evadir una norma de seguridad al construir la casa que habitas?

¿Cuando fincas tu vivienda en el cauce de un río? ¿Cuando tantas otras cosas cuya motivación compite entre la ambición, la inconsciencia y la ignorancia voluntaria rayana en estupidez?

La tecnología nos permite identificar los diferentes comportamientos y efectos de las ondas sísmicas.

Lo que nos capacita para diseñar estructuras que los contrarresten.

Y nos deja saber cuáles construcciones van a sucumbir.

Conquistemos ya una ciudad de colapso cero.

No merecemos menos.

Temas: