El Déjà vu evoluciona

Eugenio Castillo Es el aniversario del terremoto. Un movimiento telúrico que sacudió el alma de los mexicanos hace 32 años y que hoy reaparece para remover el subconsciente colectivo. Angustiada, la gente es expulsada a la calle. Evacuada es el término técnico. Por ...

Eugenio Castillo

Es el aniversario del terremoto.

Un movimiento telúrico que sacudió el alma de los mexicanos hace 32 años y que hoy reaparece para remover el subconsciente colectivo.

Angustiada, la gente es expulsada a la calle. Evacuada es el término técnico.

Por voluntad propia o ajena desalojan los inmuebles.

En grandes sectores de la ciudad la luz brilla por su ausencia, y en toda ella la comunicación telefónica de paga.

El WhatsApp se transforma en héroe solidario, soporta toda la urdimbre de llamadas, mensajes y videos que en esos momentos se magnifica desmesuradamente, pues casi toda persona que marcha por la calle acompaña con un celular su rostro.

Muchos infructuosamente buscan transporte. Los camiones han desaparecido, los taxis no paran. Sus conductores tienen su propia agenda, lo mismo que el resto de los ciudadanos con auto.

Todos tienen prisa, muchos angustia.

Algunos invitan a la calma.

Un hombre alto, vestido con traje negro y camisa blanca, orientado hacia los coches de un eje vial, mueve sus amplios brazos en largo movimiento de arriba a abajo, como un reiterado fragmento de la conocida ola, convocando a una tranquilidad sin respuesta.

Otros más con chalecos y banderolas fluorescentes intervienen ocasionalmente en auxilio de los transeúntes que se ven obligados a competir por el espacio con los autos.

Como en las visitas del Papa, las banquetas y camellones lucen pletóricos de personas.

De pronto, la ciudad se ha visto sorprendida por un inesperado asueto que la obliga a confrontar si no una pesadilla, al menos el suspenso de una realidad de rasgos oníricos.

Mi natural empecinamiento se niega a admitir que hay daños.

Escucho rumores y renuncio a 12 días de ayuno de medios. Me entero, me informo, si los hay. Hay cinismo en la fuerza telúrica, sadismo en su retorno.

Nuevamente, el hogar convertido en polvo, en cadáver de osamentadas lozas, cuyo mayor peso es el de los sueños que se han interrumpido...

El Déjà vu evoluciona.

La respuesta, si no el control, es inmediata. Ahora ya hay un plan DN-III que se aplica con lucimiento.

Conocemos de modo empírico el organigrama militar y sus mandos.

La Marina se destaca, un subalmirantazago en especial. Ilesos y multiplicados, los medios tradicionales cubren la tragedia. Aunque ahora contemporizan con las redes sociales, recuperan supremacía con la prolongación de la imagen y el “tiempo real”, pero, sobre todo, con el in situ.

Todos queremos ver, saber cómo evoluciona esta profecía.

En hogares y oficinas, las escenas de la catástrofe son un tapiz decorativo que acompaña la cotidianidad.

Nuevamente se resquebraja también El Dique de desconfianza y apatía, por la grieta comienza a bullir la fuerza social, rápidamente es un flujo torrencial que inunda y sana no sólo esta herida...sana, sobre todo, la vieja deuda consigo misma: poseer la ciudad que habita.

Desterrada por la zozobra y la indolencia vuelve a marchar abundantemente por sus calles, desencapsulada de los vehículos descubre el regocijo de compartirse, de pertenecer a un ser social que los integra como a un uno.

Cuando mucha gente habita la calle es difícil que irrumpa un agresor o un maleante.

A cualquier hora, la ciudad ya no es de ellos.

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