Vencer el miedo

Las crisis nerviosas, el estrés agudo y la falta de tranquilidad aparecieron instantes después del evento natural

Por Luis Wertman Zaslav

Me preguntan con insistencia, ¿qué sigue? Pienso en muchos pasos hacia adelante, pero creo que el primero es recuperarnos.

En particular, emocionalmente. Han transcurrido poco más de dos semanas desde el sismo del 19 de septiembre, y cada vez identificamos más casos de atención sicológica, no sólo en las llamadas que recibimos al 5533-5533 las 24 horas del día, sino en grupos numerosos de personas en instituciones públicas y privadas que, ante los efectos, han recurrido al Consejo Ciudadano para recibir terapia colectiva.

Las consecuencias emocionales de un terremoto no necesariamente aparecen luego de que concluye la emergencia o afectan a un tipo de persona en específico. La realidad es que las crisis nerviosas, el estrés agudo y la falta de tranquilidad aparecieron instantes después del evento natural.

Cientos de capitalinos perdieron el sueño desde la primera noche y se sobresaltaron con cualquier sonido que se pareciera al tono de la alarma sísmica.

Tal vez, debido a que poco a poco hemos retomado algunas de nuestras rutinas, muchos de nosotros ahora resentimos los efectos sicológicos de la tragedia.

Casos de personas que no pueden estar mucho tiempo en un edificio, que caminan con la vista arriba por si ocurre un accidente repentino, o simplemente aquellos que se negaron a regresar a su trabajo hasta que no se les demostrara que el inmueble era seguro, son muestras de que debemos buscar atención profesional.

Lo mismo para los brigadistas, voluntarios, marinos, soldados, policías, bomberos y periodistas que cubrieron sin descanso el suceso. Cada uno tiene impresiones que pueden afectar su actividad cotidiana y, sobre todo, su calidad de vida y la de los suyos. Aclaro que aquí no hay casos aparte.

En colaboración con el DIF de la Ciudad de México estaremos asistiendo en este tema a niñas y niños que, tristemente, quedaron huérfanos o perdieron a alguno de sus padres. Igual a los adultos que viven en este momento la ausencia de algún miembro de la familia. Desde el inicio de la contingencia del martes 19, uno de los puntos en lo que nos enfocamos fue precisamente la atención de las emociones.

En unos cuantos días construimos una sólida red de especialistas voluntarios para asistir en tiempo real y colaborar en el proceso de recuperación por el que debemos pasar todos.

Mención especial merecen la doctora Delia Hinojosa, presidenta de la Asociación Sicoanalítica Mexicana A.C., y el doctor Aldo Suárez, presidente de la Asociación Siquiátrica Mexicana, ambos autoridades en la materia y que nos apoyaron desde el primer momento.

Gracias a la difusión de buenos medios de comunicación y de muchos usuarios de redes sociales, esa atención se transformó en una clínica y ahora en un servicio por medio del cual podemos brindar sesiones grupales para los integrantes de dependencias y empresas privadas. Como en cualquier evento traumático, no debe sorprendernos sentirnos afectados.

Lo que no debemos permitir es no atendernos. Ya sea por medio de especialistas o a través del Consejo Ciudadano (cuya atención siempre es gratuita) es hora de hablar sobre lo que ocurrió, seguir las indicaciones de los profesionales y restaurarnos en cuerpo y alma.

Poco podremos hacer en el futuro inmediato si no estamos bien sicológicamente; mucho menos, si no lo están nuestras familias y cercanos.

De la misma forma en que es urgente trabajar para que muchos capitalinos y la ciudad completa restaure los daños de un fenómeno de la naturaleza de esta magnitud, es indispensable recobrar la paz mental y la fortaleza moral.

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