Umbrales mínimos

En esta antología de ciencia ficción, México aporta sus pirámides y sus dioses.

Por Leda Rendón

En 25 minutos en el futuro, el imaginario del arte pop que trabaja la copia, los productos para las masas y la estetización de la realidad fluye cual droga poderosa en las narraciones de ciencia ficción de Canadá y Estados Unidos, propuestas por Pepe Rojo y Bernardo Fernández. Los textos abrevan del cine, la televisión, los cómics e Internet, esto incide en la descripción frecuente de imágenes. El hombre modificado por la tecnología y las pastillas juega un papel central. Atestiguamos, por ejemplo, la vida de seres pasteurizados que huyen del dolor menstrual, de superhéroes light que dejan hijos voladores regados y monstruos, como Godzilla, absorbidos por la cotidianidad. Estos relatos especulativos no son una alarma frente al comportamiento humano; no buscan la moraleja.

Los 25 relatos establecen una nueva mitología que adquiere forma a través del cuerpo enrarecido y el lenguaje, en ocasiones, cercano a la poesía. El ser humano es un Dios controlador, productivo y capitalista, incluso en los textos que intentan recuperar el sentido de comunidad. La paranoia frente a las máquinas está prácticamente extinta. El territorio por descifrar es el yo desintegrado, dividido, modificado e intervenido. Aunque también la prótesis está fuera del cuerpo. Así hay un regreso a lo animal, a las formas primitivas de organización, a la historia mínima. Algunos textos experimentan con los límites del género, esto expande las posibles definiciones y aporta nuevas posibilidades de corte histórico, lingüístico y antropológico para la ciencia ficción.

La antología está cercana al arte conceptual, que, en algunos casos, no resulta tan provechoso como en El sol también explota de Cris Brown. Por otro lado, no hay una maquinaria fuerte de deseo carnal en los textos, salvo en Spar, que describe la relación sexual de un humano con un alienígena. “Pornografía ambiente", diría Jean Baudrillard. Sabemos que la ciencia ficción está preocupada también por asuntos filosóficos y curiosamente poco de eso hay en la antología. Muchos de los textos están atravesados por otras manifestaciones artísticas, lo que los convierte en un sistema de paso que desborda el libro, pero que sorprende por la pérdida del deseo de ilusión: la tensión en algunos textos es, prácticamente, inexistente y el entramado es pobre.

Los tres ejercicios más interesantes dentro de este volumen son los que utilizan la ciencia ficción como un recurso para contar un relato. El primero, La historia de tu vida de Ted Chiang, el mejor de la antología, plantea la posibilidad de vivir “los eventos simultáneamente" (142) a partir de que no existe “una diferencia física entre el pasado y el futuro" (138). El segundo, Aterrizaje en casa, de Margaret Atwood, es la descripción que hace de su cuerpo una hembra extraterrestre. Atwood logra, con un lenguaje simple, el extrañamiento necesario de un buen cuento de ciencia ficción. Otro ejemplo es Los osos descubren el fuego de Terry Bisson: historia en los límites del género. Finalmente, está la presencia constante de México como lo otro; ya infiltrado, pero extraño: “Al fin y al cabo, somos alienígenas en contacto constante" (17). Esta presencia adquiere un lugar principal en el cuento Antes y después de México de Bruce Sterling. 25 minutos en el futuro es una buena radiografía del pensamiento norteamericano en la que México aporta sus pirámides y sus dioses prehispánicos y ellos la tecnología a la que estamos atados con entramados al estilo Jackson Pollock.

TÍTULO:

25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana

Antología de: Pepe Rojo y Bernardo Fernández BEF

EDITORIAL: Almadía, México, 2013; 636 pp.

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