Defendiendo a quienes defienden el patrimonio

Por Beatriz Rivas Admiramos la arquitectura de las iglesias novohispanas o barrocas, escalamos pirámides mientras visitamos sitios arqueológicos, caminamos por callejuelas de sitios coloniales y de ciudades históricas, planeamos ir al gran desierto de Altar o al Hospicio ...

Por Beatriz Rivas

Admiramos la arquitectura de las iglesias novohispanas o barrocas, escalamos pirámides mientras visitamos sitios arqueológicos, caminamos por callejuelas de sitios coloniales y de ciudades históricas, planeamos ir al gran desierto de Altar o al Hospicio Cabañas, disfrutamos las maravillas naturales de México, sin preguntarnos a qué se debe que sigan existiendo. Que continúen conservándose, demostrando su importancia como patrimonio de nuestro país.

El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, por sus siglas en inglés), capítulo México, tiene mucho que ver con este logro aunque, lamentablemente, es una institución poco conocida fuera de su ámbito. Fundada hace 50 años (sí, están de manteles largos) se han dedicado, sin otro interés que el beneficio de todos los mexicanos, a la mejora de técnicas de conservación y a la promoción de la importancia del patrimonio cultural. Asociada a la Unesco, y con el apoyo de otros organismos privados y gubernamentales, contribuyen a la conservación sostenible de los bienes inscritos en la lista de Patrimonio Mundial. Edificios, paisajes, ciudades, acueductos, culturas que hacen, nada más ni nada menos, que nuestro país sea lo que es. Una nación —y sus ciudadanos— no pueden proyectarse hacia un futuro exitoso, sin un pasado que nos otorgue identidad, certezas y que nos impulse hacia adelante.

En un mundo que se vislumbra cada vez más difícil, con parte del patrimonio mundial amenazado por desastres naturales o conflictos armados (bastan, como ejemplo, las terribles imágenes de ISIS destruyendo el templo milenario de Palmira), la importancia de ICOMOS se hace todavía más evidente.

En el auditorio Jaime Torres Bodet, del Museo de Antropología se acaba de dar a conocer la nueva mesa directiva, ante la presencia de María Teresa Franco, titular del INAH. Y si menciono el escenario es porque, precisamente, Torres Bodet fue quien giró instrucciones, hace cinco décadas, para la creación de un comité que defendiera el patrimonio de nuestro país.

La doctora Graciela Aurora Mota Botello, quien recién preside el Consejo Directivo del organismo, lo deja muy claro: “Los valores patrimoniales son la síntesis de un carácter   material e inmaterial, y su relevancia radica en que la cultura permea en todos los ámbitos de la existencia humana”.  Su labor como especialistas, explica, es representar “la voz de los sin voz, en favor de la salvaguarda de un legado abierto a sedimentar nuevos referentes capaces de responder a la afectividad colectiva”.

Conservan, protegen y luchan por salvar un patrimonio nacional no únicamente por la importancia que tiene para la industria del turismo, no, es mucho más profundo. “Es preciso fortalecer el papel que juega la cultura y el patrimonio para nuestro país. Es preciso comprenderlo, incorporarlo y conocerlo para respetarlo, repensarlo y recrearlo de manera sustentable”. ¿Por qué?, se nos ocurre preguntarle. Y la doctora Mota Botello, con su apacible sonrisa y enérgica mirada, nos dice lo que parecería evidente, aunque la mayoría no le da importancia: “El patrimonio es sinónimo de cultura y territorio. Rebasa lo local, alude a la historia y a la identidad. Vigoriza el sentimiento de pertenencia de millones de individuos y comunidades”. Junto con la educación y la cultura, “forja entornos de confianza colectiva y cohesión social.”

No podemos transformar a nuestro país sin dialogar con nuestro pasado. Sin investigarlo, aceptarlo, conservarlo, difundirlo. En el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios a eso se dedican. Es necesario, por lo tanto, que cuenten con nuestro apoyo, con todo nuestro apoyo. Piden encontrar puertas abiertas. Abrámosle, al menos, la nuestra.

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