Honoris Causa a Roger Penrose
El Cinvestav y el IPN reconocieron al físico-matemático británico
Por Bogdan Mielnik*
Estimados colegas. Entre el 3 y 5 de noviembre, el Cinvestav y el IPN tuvieron a un excepcional visitante, Sir Roger Penrose, el físico-matemático británico, distinguido por su capacidad de concebir ideas nuevas en múltiples campos de la ciencia. Después de un cuidadoso estudio de sus éxitos (ver la colección de datos gracias al esfuerzo del Dr. Ernesto Lupercio) surgió la idea de ofrecer a Roger Penrose el Doctorado Honoris Causa en el Cinvestav.
Efectivamente, ha habido pocos científicos cuyos talentos les permitieron construir teorías nuevas extendiendo o cuestionando los trends de la ciencia en los siglos XX y XXI. En el caso de Roger Penrose, sus “ideas atípicas” resultan de especial interés. Así, su plática en el Auditorio Alejo Peralta del IPN nos liberó de la persistentemente repetida (y casi obligatoria) pesadilla del Big Bang (entendido como la explosión de nuestro universo de la nada rompiendo la simetría perfecta de la nada y también el principio de la acción mínima). Penrose propone sustituirlos por la hipótesis de evolución cíclica, en la cual el espacio-tiempo relativista pasa por las fases de contracción y expansión cíclicas. ¡Uff... sea o no sea confirmada la hipótesis en el futuro, qué alivio conceptual!
Otro problema provocador fue: ¿cómo trabajan nuestras mentes? La pregunta inspiró a Penrose a formular la hipótesis de que nuestra conciencia aprovecha señales cuánticas propagándose en las redes de “microtubulos” en nuestro sistema nervioso. La idea fue tajantemente rechazada por un grupo de físicos cuánticos en Suiza mostrando que nuestras neuronas son estrictamente macroscópicas evolucionando según la mecánica clásica. Sin embargo, el argumento fue erróneo. Basta recordar que los aparatos de medir, según la teoría cuántica, tienen que ser macroscópicos pero, en presencia de las micropartículas, su comportamiento se vuelve impredecible. Más aún, si este argumento es muy simplista, significa que la evolución de las señales en nuestras redes neuronales no puede ser reducida a un clásico cómputo digital. La revolución de Penrose en la interpretación de los procesos mentales apenas empieza.
Una cualidad interesante de nuestro visitante fue también su talento para escribir interesantes libros (hoy en día no es tan fácil recomendar libros, pues los estudiantes ya están acostumbrados a mirar en las pantallas de las computadoras).
Sin embargo, quien lea The Emperor’s new mind se encontrará en una nueva realidad virtual, en donde un problema, por ejemplo, es si su conciencia puede ser teleportada instantáneamente a una lejana galaxia y, ¡de repente!, se encontrará sumergido en una metafísica historia de detectives. No voy a decir más...
Su siguiente libro, Shadows of the mind no es tan fácil de leer, pero defiende nuestras capacidades humanas en la competencia amarga con más perfectos robots digitales. Nosotros, ciertamente, somos distintos... De hecho, somos “computadoras orgánicas”, con muchas desventajas, pero una superioridad básica: tenemos un sentido común. ¿O quizás tenemos algo más?
¡Ustedes deciden!
El siguiente libro, The Large, the Small and the Human Mind contiene la discusión de Roger Penrose con sus tres amigos, incluyendo a Stephen Hawking. Es interesante y fácil de leer. En el capítulo 2, Penrose cita dos aforismos. Uno es de E. Wigner sobre “éste incomprensible poder de las matemáticas...” (¿qué opinan ustedes: tiene que ser aceptado aquel poder sin resistir?). Otro aforismo es el dicho (no publicado) de Bob Wald: If you really believe in quantum mechanics, you cannot take it seriously (Si creen realmente en la mecánica cuántica, no pueden tomársela en serio).
¿Sería esto una advertencia contra el exceso de axiomatización?
(¡Ustedes deciden!)
¡El cuarto y último de sus libros es tan enorme que ustedes podrán tener miedo de abrirlo! Sin embargo, si lo abren accidentalmente y empiezan a leer un fragmento, quedarán atrapados. Si leen el siguiente fragmento quedarán atrapados otra vez y tendrán dificultades para dejar de leer. Esto pasará aun con los reportes sobre las aritméticas y geometrías pitagoreanas que tendrán la capacidad de despertar las inspiraciones propias del lector en circunstancias totalmente imprevisibles. Supongamos, por ejemplo, que un matemático joven está contratado en una escuela preparatoria. De repente, tiene un horrendo ataque de pánico: ¡que algunos de sus alumnos pueden ser más inteligentes que el maestro! (de hecho, esto debe ser normal, de otra manera, no habría progreso). En cierto momento, sin embargo, recuerda el libro de Penrose e intuye que se podrá salvar: “simplemente –decide– voy a mostrarles ESTO”
Quizás, en algún momento, Roger Penrose va a confesar de dónde saca tanta energía, paciencia (¿y, quizás, baja entropía?) para crear todas sus obras y escribir todos sus libros. Mientras tanto, le deseamos continuar, creando más y más.
¡Gracias y felicidades, Roger!
*Investigador del Departamento de Física del Cinvestav
