Las vías de la oposición
La contraparte política debe hacer valer los votos que representa para encontrar una agenda común y aportar soluciones.
La democracia mexicana vive un momento de definiciones históricas que marcarán el rumbo de nuestras instituciones durante las próximas décadas. En este contexto, las fuerzas políticas y la sociedad civil deben entender que es necesario resignificar y reivindicar el papel de las oposiciones tanto en el plano teórico como en el de la acción política.
La sola etiqueta de la “oposición” carece de valor en un momento en el que los ciudadanos esperan una transformación de la realidad política y de las actitudes y comportamientos de los políticos. Las ideas básicas sobre el papel de la oposición resultan insuficientes en un contexto en el que la clase política en general les ha fallado a los ciudadanos. Hoy, ser oposición poco significa si no hay contenido, ideas y acciones merecedoras de portar ese nombre. Porque a todo esto, se suma la presencia de una presidencia fuerte, omnipresente, con respaldo político en los órganos legislativos y con un apoyo popular significativo.
Esto demanda una nueva actitud; la oposición necesita nuevas cartas de presentación que acrediten su utilidad y su valor; ser oposición no implica poseer una licencia o un título, ni mucho menos un cheque en blanco; ser oposición se acompaña de obligaciones y responsabilidades públicas, implica una autocrítica, un proceso de aprendizaje permanente y una capacidad de escuchar genuinamente a los ciudadanos.
La vía de la oposición en México debe consistir en oxigenar la vida democrática para contribuir a mejorar el contenido de las decisiones públicas trascendentales.
Un ejemplo de ello fue la discusión y aprobación de la reforma constitucional de la Guardia Nacional. El proceso que llevó a mejorar sustantivamente esta reforma, a corregir sus defectos e inhibir sus riesgos, sería inexplicable sin el papel que jugaron la sociedad civil y las oposiciones representadas en el Senado de la República.
La oposición debe hacer valer los votos que representa para, en primer lugar, encontrar una agenda común, y en segundo lugar, contribuir a aportar soluciones mediante la presión, el diálogo y la deliberación. Después de la discusión de la Guardia Nacional, la oposición encontró una llave para sentar al Ejecutivo y al partido mayoritario en la mesa del diálogo democrático; de todos los líderes de las fuerzas política de oposición dependerá utilizar esta llave con inteligencia y visión de largo plazo.
Es cierto que hoy en México hay presente una narrativa dominante que busca desprestigiar a las oposiciones y los contrapesos, pero la única forma de romper con este relato pasa por encontrar nuevas vías de acción por parte de la oposición, nuevas vías que acrediten su utilidad pública en los temas más significativos para los ciudadanos.
Agradecimiento. Hoy esta columna concluye un ciclo que iniciamos en agosto de 2016 gracias a la generosidad y apertura de Pascal Beltrán del Río. Con Pascal y con todo el equipo de Excélsior estaré profundamente agradecido por permitirme escribir en este espacio durante dos años y medio. Igualmente, agradezco sinceramente a los lectores por su tiempo y sus comentarios, esperando que nos sigamos encontrando en otros espacios de la vida pública. Hasta pronto.
*Senador por Jalisco y Coordinador Nacional de Movimiento Ciudadano.
