Victoria

Ni ella ni muchas otras pueden tener visas protectoras contra ese aterrador sistema sexista, clasista, racista, patriarcal. No son turistas bienvenidas al paraíso maya de arenas blancas

Tristeza infinita, incapacidad para pensar alguna acción que remedie, o al menos, nos consuele de su terrible asesinato. ¿Metáfora del avance en igualdad de derechos asesinados por las fuerzas gubernamentales? Ella, ellos, artera e impunemente. Ser migrante protegida, ser morena, ser pobre, ser mujer, ser madre soltera. Todo ello la condenó a muerte en este país, capaz de reducir hasta el ridículo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y al Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación. También, de transformar al Instituto Nacional de Migración en un muro de infamia. De las policías, en peores condiciones. ¿Eso es transformar con justicia y paz social, gobernar con honradez y austeridad?

Migró a Tulum (antes Zama, en maya, amanecer. Tulum, muralla) buscando seguridad, encontró pareja mexicana tóxica y, luego, la muerte. Luchó por vivir con dignidad, fue tirada a la calle y asfixiada. Trabajó para ver crecer a sus hijas y ellas no la mirarán más. Su nombre presagiaba otro destino, quizás un desesperado y vano intento por burlarlo. Su porvenir estaba inscrito en un sistema patriarcal con líneas retorcidas. Ni ella ni muchas otras pueden tener visas protectoras contra ese aterrador sistema sexista, clasista, racista, patriarcal. No son turistas bienvenidas al paraíso maya de arenas blancas.

¿Sería casualidad que la asesinaran la tarde previa a la inauguración del Foro Generación Igualdad? Quizás, pero si se registran 11 feminicidios diarios, hubiera sido ella o cualquier otra. Que los asesinos materiales fueran policías, también podría ser fortuito, pero se habían prendido las alarmas. El pasado noviembre, la policía disparó en Cancún contra una marcha pacífica de mujeres. Y no hubo quién se preocupara por capacitarlos para aplicar protocolos de gradualidad de la fuerza, con perspectiva de derechos humanos y de género como, según la ley, deben hacerlo.

¿Se les puede pedir prudencia y contención a quienes viven ambientes de violencia machista permanente y arriesgan la vida y la libertad por un muy bajo salario? Elena Azaola: “ser un policía es una vivencia ambivalente: de poder, pero a la vez vergonzosa, de vocación, pero a la vez de sobrevivencia”. Esquizofrénico. Y sobre ellos, sólo sobre ellos, caerá todo el peso de la ley. Desde los congresos, se han recortado recursos para capacitarlos, equiparlos, mejorar sus condiciones laborales. Imposible, claro, por la austeridad. Perturbador.

Cadena de mando, cadena de errores, cadena de horrores. Vertical, como mandata el patriarca desde tiempos ancestrales. Según el diccionario: “Patriarca: Nombre dado en la Biblia a algunos personajes del Antiguo Testamento que fueron jefes o cabezas de una numerosa familia o descendencia: Abraham, Isaac y Jacob”. 

Engels y Weber se refieren al concepto como “relación con un sistema de poder y, por lo tanto, de dominio del hombre sobre la mujer”. Las feministas precisan: “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los/las niños/as de la familia, dominio que se extiende a la sociedad en general. Implica que los varones tienen poder en todas las instituciones importantes de la sociedad y que se priva a las mujeres del acceso de las mismas, pero no implica que las mujeres no tengan ningún tipo de poder ni de derechos, influencias o de recursos”. Diccionario de la transgresión feminista.

(https://www.justassociates.org/sites/justassociates.org/files/diccionari...).

Victoria, nombre cuyo significado es “vencedora, triunfadora” y, por extensión, “la que triunfa sobre el mal”. ¿Será profecía? Esperanza era su segundo nombre. Y tal vez, ése sea el talismán para perseguir la igualdad de derechos en este país de cínicos, donde, ojalá, no sea posible que un violador llegue a gobernador. Que algún día sea real nuestra victoria, vía la perseverancia, iluminada por nuestras esperanzas.

La muerte de Victoria nos recuerda las palabras de Demóstenes, uno de los 10 mayores historiadores y cronistas griegos: “Nada es más detestable que el deshonor, nada más horrible que la esclavitud. Hemos nacido para el honor y la libertad: conservemos estos valores o muramos con dignidad”. Victoria.

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