Una tal Bernardita

El cura pensó que, con esa chica guapa, podría consolar su soledad. Ella, también solita, accedió a compartir su mesa, y quizá, su cama. Eso susurraban las solteronas del pueblo, pero frente al cura, sólo rezos y bien persignadas

Hace ya tanto tiempo, que hasta su memoria se va desvaneciendo, pero su recuerdo permanece firme. Ocurrió en un muy apartado lugar, al que sólo se podía acceder con apoyo de mulas, lejano, lejanísimo. Dicen que un día soleado, cuando el calor agobia, llegó un cura dispuesto a vivir en ese pueblito. Ya se sabía de la virgen milagrosa, pero visitarla era muy complicado. A pesar de todo, el cura organizó la función y a los pocos peregrinos fueron sumándose otros animados.

El cura procuraba viajar una vez cada mes a alguna comunidad cercana, para invitar a los parroquianos a visitar a la virgen. En una de esas visitas, vio a una muchachita pizpireta, de unos 17 años, y la invitó a trabajar con él. La chica sintió que la milagrosa virgen la había escuchado. El cura era bien parecido, amable y ella tenía necesidad de trabajar. La escuela no había llegado hasta su caserío. El cura habló con sus padres, quienes aceptaron que ella se fuera con él a trabajar.

  • Al chico rato, ella ya manejaba la contabilidad de la parroquia. Él le enseñó a sumar y a restar, con lo que poco a poco, ella se percató de lo que sucedía con las limosnas que dejaban los peregrinos. Una parte, pequeña, para la iglesia y una mayor parte para el cura y sus necesidades. Ella reclamó un sueldo y entre tiras y aflojas, el cura aceptó, después de descontarle la renta del cuartito y la comida. O sea, una pequeñita parte, que se le restó a la parte de la iglesia.

La pizpireta y despierta muchachita decidió que era hora de emprender un negocio para completar sus gastos. Sin decir ni pío, puso una tiendita para vender veladoras; luego, medallitas y al rato, era la que vendía todo lo necesario para honrar a la virgen. El cura le reclamó su parte, y ella, generosa, le dio una partecita.

El cura pensó que, con esa chica guapa, podría consolar su soledad. Ella, también solita, accedió a compartir su mesa, y quizá, su cama. Eso susurraban las solteronas del pueblo, pero frente al cura, sólo rezos y bien persignadas. A la chica, ni la miraban, aunque de cuando en cuando, le compraban alguna reliquia. Aumentó el número de peregrinos.

Poco a poco, la pizpireta abrió comercios de todo tipo, y se comenta que hasta una cantina, a la que llamó La Sucursal. Pero, aunque sabía de los riesgos, se atrevió a quitarles el negocio a los caciques. El cura, asustado, intentó hacerla cambiar de opinión, pero ella lo invitó a un viaje, dicen que a Europa, a esperar a que se calmaran las aguas. Había abierto una hostería para alojar a las multitudes que ya llegaban a ver a la virgen.

Las aguas no se calmaron. Los caciques esperaron el regreso de los paseantes, sin despertar la menor sospecha. El cura y su pizpireta regresaron muy felices, se instalaron dispuestos a disfrutar, pero empezaron los problemas. En confesión, uno le dijo que cuidado, que estaba metido en un buen lío. Otro, en La Sucursal, le insultó y nadie salió en su defensa. Y así, día a día, la situación empeoraba. La pizpireta seguía en sus trece, hasta que el cura, aterrado, salió del pueblo una negra noche, disfrazado de mujer.

Ella vendió sus diversos comercios y mandó por delante sus riquezas, y a los ocho días, como si nada, pasó a La Sucursal e invitó a todos los parroquianos a brindar por su salud. Acto seguido, anunció que se iba a buscar marido a otras tierras y se fue.

Gracias a tanta iniciativa, el pueblo ya tiene carretera, calles pavimentadas, clínica y escuelas. Las limosnas siguen siendo motivo de disgusto entre la comunidad, la iglesia y las autoridades. Pero lo que es claro, es que mujeres emprendedoras y claridosa, hay en todas partes y en todo tiempo. Abusones, también.

  • La marcha por la democracia es el 18 de febrero. Cada día es más necesario defender nuestra muy vulnerada democracia. Vayamos para defender un mejor país para nuestras hijas e hijos.

Temas: