“¡Que no quiero verla!”
Hacer política desde el dolor. Ante la indiferencia del poder, ante la simulación de sus recaderas, recaderos, fueron obligadas. No era su intención. Eso les quedaba lejísimos. Por eso, acudieron, cual debe, al ministerio público. Tuvieron como respuesta, silencio y desprecio de quienes representan instituciones y leyes. Se envolvieron en manto de tristeza.
Sólo hay que cambiar un nombre a ese poema de Federico García Lorca: “Dile a la luna que venga/ que no quiero ver la sangre/ de María del Carmen sobre la arena/ Y tampoco, la de treinta madres buscadoras más. ¿Hasta cuándo?
La clave de tanto amor se halla en la primera mirada de una madre con su hija, con su hijo, al momento de cruzarse un juramento inabarcable: Te protegeré siempre, y un mandato ancestral: a nuestras querencias hay que honrarlas hasta la muerte, especialmente, en su muerte. Es más fuerte el amor. “¡Que no quiero verla!/ Que mi recuerdo se quema/ ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña!”.
El dolor no atrae reflectores. Se vive en soledad. Quien no huye es el recuerdo: “Por las gradas sube Ignacio (o María, o …) / con toda su muerte a cuestas/ Buscaba el amanecer/ y el amanecer no era/ Busca su perfil seguro/ y el sueño lo desorienta/ Buscaba su hermoso cuerpo/ y encontró su sangre abierta/.
Hacer política desde el dolor. Ante la indiferencia del poder, ante la simulación de sus recaderas, recaderos, fueron obligadas. No era su intención. Eso les quedaba lejísimos. Por eso, acudieron, cual debe, al ministerio público. Tuvieron como respuesta, silencio y desprecio de quienes representan instituciones y leyes. Se envolvieron en manto de tristeza.
Cada una desde su dolor, salió a buscar. Días, meses, desesperación. Encuentros con sonrisas comprensivas. La mirada las une: Juntas somos más fuertes. Alzan la voz. Ganan columnas y reportajes. Aprendieron a afectar con el dolor y el sufrimiento al otro o la otra, se indignaron y apareció la resistencia. No rendirse y reclamar. Acción política. 251 integrantes del Ejército desaparecidos y sus familiares ante el ejemplo, alzan la voz.
Hasta Anna Ajmátova se duele: Las montañas se doblan ante tamaña pena/ Y el gigantesco río queda inerte/ Pero fuertes cerrojos tiene la condena/ Detrás de ellos sólo “mazmorras de la trena”/ Y una melancolía que es la muerte/. Condena injusta, vivir melancólicamente con el recuerdo temblando en las pestañas.
Hoy, discuten con funcionarias y funcionarios cómo prevenir, cómo sí buscar, cómo hacer para que nunca más suceda. Las funcionarias tienen poder; ellas, fuerza moral. No se rendirán. Aunque intenten marearlas. Saben lo que quieren, lo que no quieren. Exigen la remoción de las piedras que están encaramadas en instituciones importantes, pero si no sucede, lo demás está por demás.
El señor Gertz, profético antes de indagar, culpa a la fiscalía de Jalisco. Sin duda, tiene responsabilidad en Teuchitlán, en Tlaquepaque y en otros ranchos-campos, barrancos criminales. También, desde antes, negó que cremaran personas. Ellas resguardaron 17 piezas de cuerpos humanos en la fiscalía estatal. Él debe volver los ojos hacia su propia responsabilidad. MCCI dijo que desde 2019, se sabía de las operaciones que ahí se realizaban. Entre simulacro y confirmación de profecías, las dudas no simulan. ¿Investigación?
La exhibición violenta de la toma de carreteras de 26 pueblos de Michoacán, dos localidades de Guanajuato y otra de Jalisco, ¿pleito entre dos bandas?, o ¿intento fallido de captura de alto mando del CJNG? ¿La Guardia Nacional y el Ejército cumpliéndole a Trump en la frontera? ¿A dónde irán quienes quieran dejar esos cruentos parajes? Territorio fuera de control gubernamental.
La ONU y su exigencia de información siguen adelante. La militarización del país, también.Rosa Icela tiene escuela en el sexenio pasado: mentir y seguir sonriendo. ¿Ha cambiado? ¿El Plan Nacional de Exhumaciones y los análogos estatales seguirán? Es una historia de espanto. Ahí ha renacido la esperanza. Ojalá, esta vez, veamos la realidad de las promesas y no, el verso de Alejandra Pizarnik: Pero hace tanta soledad/ que las palabras se suicidan/. Arrebatar la verdad.
