'Por tu amor, me duele el aire'

El tiempo para reflexionar se usó en urdir otra trama mal tejida y peor teñida de color gris mentira. Deja un retrato vil del que cuando no gana, arrebata. Quien, al inicio del desbarajuste ético, intentó protegerse en un estereotipo de frágil mujer que no le ajusta por ningún lado, pudo utilizar malas artes. ¿Derecho a la verdad?

Canción de García Lorca, verso que, trasladado al ámbito nacional, mejor al ámbito de la patria, permite expresar la desolación que embarga a muchas mexicanas. Caminar con extremada cautela por el piso patriarcal que han tejido las innúmeras generaciones anteriores, para explicar con nuevas voces y vocablos la injusticia de un punto mal bordado que las hace tropezar y caer. En su lugar han quedado sólo cruces (feminicidio).

Versos bellísimos para exaltar figuras femeninas deliradas al calor de borracheras, que promueven el sueño masculino de “la mujer, inigualable, siempre pura y bondadosa”, la que traga desprecios y humillaciones sin reclamo. “Qué hermoso hubiera sido/ vivir bajo aquel techo/ los dos unidos siempre/ y amándonos los dos;/ tú siempre enamorada, / yo siempre satisfecho”, revertidos en la buena lógica de la perspectiva de género, nueva forma de enfocar la mirada para señalar desigualdad.

Regresando a Lorca: “¡Ay, qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!” ¿Cómo mirar la trampa, el robo, la mala fe, cuando las desigualdades ancestrales parecen invertidas? ¿Podrá alguien desenredar ese tejido burdo, falso, mendaz, elaborado desde un altísimo cargo? Aquí, quien necesita dosis extremas de compasión es un señor sin más atributo que su no-poder, su fragilidad, su vulnerabilidad.

El tiempo para reflexionar se usó en urdir otra trama mal tejida y peor teñida de color gris mentira. Deja un retrato vil del que cuando no gana, arrebata. Quien, al inicio del desbarajuste ético, intentó protegerse en un estereotipo de frágil mujer que no le ajusta por ningún lado, pudo utilizar malas artes. ¿Derecho a la verdad?

“Por tu amor me duele el aire,/  el corazón/ y el sombrero”. Tejer narrativas para concluir en pueril alarido: el más poderoso es el más poderoso, elaborado con hilos incompatibles. Mezcla lana con henequén y hasta a los mayas agravia al destruir su herencia natural. Al INE lo acechan, cual hienas que aúllan en noches peligrosas, a la luna solitaria. ¿Ese sombrero, seña de identidad? Pero, ellas también lo portan con dignidad y con la elegancia de la Norma y la paridad. Suspensión de efectos es deber.

“¿Quién me compraría a mí/ este cintillo que tengo/ y esta tristeza de hilo blanco,/ para hacer pañuelos?” Esa patria tan querida, donde sueños infantiles cantaban con el corazón los lunes tempranito “Se levanta en el mástil mi bandera,/ como un sol entre céfiros y trinos”. Dispuestas a tejer con ese hilo blanco los indispensables pañuelos para secar lágrimas y las nuevas esperanzas bien planeadas para la matria, de la que Diamela Eltit dice: “La matria viene a ser símbolo de la crisis de los sistemas patriarcales, tanto a nivel literario (personajes femeninos y escritura femenina) como de sociedad”.

“¡Ay, qué trabajo me cuesta/ quererte como te quiero!”. Ese México que nos ha dado tanta fuerza para salir al mundo alzando la voz de García Robles: “Que la decisión de los pueblos de Latinoamérica de que la fuerza imponderable del átomo sea empleada “para la vida, no para la muerte”, decisión irrevocable”.

O de Mario Molina, quien demostró que, de ser la región más transparente, hoy vivimos en una de muy peligrosa opacidad. Y las de Octavio Paz, “Una palabra que tiene equivalentes en todas las lenguas. Y en todas es rica la gama de significados. En las lenguas romances va de lo espiritual a lo físico, de la gracia que concede Dios a los hombres (y mujeres) para salvarlos del error y la muerte a la gracia corporal de la muchacha que baila o a la del felino que salta en la maleza.

Gracia es perdón, indulto, favor, beneficio, nombre, inspiración, felicidad en el estilo de hablar o de pintar, ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma”. Gracias, México. Mi voto no se toca.

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