Parada en un hormiguero

En el mejor de los casos, ese partido fuerte quiere una democracia mocha porque no quiere que las mujeres estén en igualdad con sus compañeros. Aunque hay muchas en posiciones de poder, ese poder es “vicario”, le pertenece a quien la nombró y en cuanto se le ocurra desobedecer, la despedirán con gritos destemplados

Quien a dos amos ha de servir, a uno de ellos ha de mentir. Las mujeres dedicadas a la política, en algún momento se cruzan con las feministas y éstas, con sus firmes razones, las persuaden de utilizar su poder en beneficio de las mujeres. Las vemos intentar el equilibrio para que “su líder” no las despoje de sus logros.

Rarísimas son las que, como María Elena Chapa, podían brincar en ese hormiguero machista que era el PRI de los 90. Las que militan en el partido en el poder ni siquiera lo intentan. Difícil, pues sus lealtades están tan divididas que ya se olvidaron de las demás y sus tragedias cotidianas. ¡Ahora sí brincaron! Pero, ¿será por otras?

Hay casos más dramáticos. Con muchos parientes incrustados en puestos políticos, a saber si bien ganados, que quizás ejerzan presión para que las decisiones de ellas se sesguen del lado que les conviene a ellos. Con un Presidente que no guarda la menor prudencia y acusa sin ton ni son a quien no se inclina a su paso y le conceda toda la razón, su mente puede vacilar.

Por otro lado, tiene una carrera en la institución defensora de la democracia y que ha persuadido a sus trabajadoras y trabajadores de la importancia de arbitrar contiendas políticas con la confianza y el apoyo ciudadano, lo que implica que ella estaría persuadida de su valor. Enfrenta eso que se llamó “doble militancia”. Feministas integradas a un partido patriarcal que vivían divididas y finalmente, decidían por apoyar una opción, traicionando a la otra.

  • Cuando una milita en un partido fuerte, de indudable carácter patriarcal, ¿puede asumir una agenda feminista? ¿Será que es la vieja y arrinconada idea de trabajar desde el interior para ir carcomiendo sus estructuras y al final, ver caer ese entramado con fuertes soportes machistas?, ¿la lealtad a principios democráticos (entre ellos, la paridad en cargos de elección) será privilegiada frente a los riesgos que supone el oponerse a arbitrariedades manifiestas y en contra de las mujeres?

En el mejor de los casos, ese partido fuerte quiere una democracia mocha porque no quiere que las mujeres estén en igualdad con sus compañeros. Aunque hay muchas en posiciones de poder, ese poder es “vicario”, le pertenece a quien la nombró y en cuanto se le ocurra desobedecer, la despedirán con gritos destemplados.

  • En el peor y más temido de los casos, de que ni siquiera busquen una democracia mocha, sino una autarquía o ya de plano dictadura, las lecciones mundiales han mostrado que, al llegar a instaurar ese horror, lo primero es desaparecer a las mujeres (salvo “la esposa”, como en Nicaragua o en la China de Mao).

Ya sabemos los argumentos: alguien tiene que cuidar a la familia, ellas no son tan capaces, no hay mujer que quiera y pueda con tal cargo, etcétera, etcétera, etcétera. Y por eso, siempre es muy importante recordar el título de un libro de las mujeres de la librería de Milán: No creas tener derechos. “No creáis que se puede esperar legítimamente que las cosas ocurran de modo conforme a la justicia”. El libro apela a que las mujeres seamos capaces de confiar y apoyar a las otras, a generar una fuerza femenina que abrace a quien vive en la descolocación por estar rodeada de varones, aunque sean sus familiares, que sólo medran por sus propios intereses y no, por el bien de ellas.

Afortunadamente, hay casos de mujeres valientes, que al tiempo que desafiaron al poder masculino, construyeron sendas para que las mujeres transiten con tantita más seguridad por esos rumbos de la política, beneficiándose y mejorando el ambiente institucional. Ruth Bader Ginsburg, “No pido favores para mi sexo. Todo lo que pido de nuestros compañeros es que quiten sus pies de nuestros cuellos”.

O Jacinda Ardem, “sé que muchas mujeres comunes y corrientes no tienen el apoyo de otras para salir avante”.

Apoyemos a la señora Taddei.

Duelen los migrantes asesinados.

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