Nellie Campobello y Norma Piña
Sesenta años después, nace otra mexicana que está haciendo historia. Ella baila entre letras y sentencias. Está viviendo una “revolución” que se desarrolla no con balas, sino con palabras. Palabras altisonantes, cuyo poder puede desbordar los límites de la civilidad.
Nellie nació en 1900, en el norte del país. A sus escasos 13 años, la revolución trastocó vidas, costumbres y paisajes. Leer Cartucho es una conmoción histórica. No es esa narrativa de héroes y grandes batallas. Es asomarse a una ventana y mirar el cadáver de un hombre colgado del tronco del árbol donde la pequeña jugaba con sus amigos. Es ver a la madre intentar detener la violencia de quienes abren a patadas la puerta de la casa e intentan arrasar con todo y con todos. Es entender que la violencia es la devastación de pueblos y familias. La mirada de una niña que normaliza lo indescriptible, el horror y el espanto. La fortaleza de la madre, cuyas amorosas manos siempre fueron consuelo. Ella tenía palabra, defendió su visión de una revolución que a las mujeres no les mejoró en nada su vida y sí las abrumó con estereotipos sosos, como las adelitas. Donde, desde esa idea de “el poder sólo administra el dolor”, las atraparon en tragedias inenarrables.
Su fortaleza la llevó a bailar y vivir de música y coreografías, impulsando a su hermana a ser la mejor en eso de pasar por la vida de puntitas y entre sonoros aplausos. Fundó escuela y, desafortunadamente, desapareció de manera misteriosa. Se investigó y tristemente, personas consideradas amistades, fueron responsables de su injusta muerte. E injusto también, el olvido de su nombre y sus obras.
Sesenta años después, nació otra mexicana que está haciendo historia. Ella baila entre letras y sentencias. Está viviendo una “revolución” que se desarrolla, no con balas, sino con palabras. Palabras altisonantes, cuyo poder puede desbordar los límites de la civilidad. Firme custodia, que recuerda la gesta del Benemérito de las Américas, cuando por cuatro años protegió, en caravana, la República. Ella defiende y resguarda la Constitución, que declara como forma de gobierno esa República. No será por cuatro años.
Están a su lado una ministra y siete ministros, también salpicados por el encono y la envidia. Ella, Norma, ha recibido el reconocimiento Derechos Humanos 2023. Algo en lo que quizá soñó Nellie: un mundo en el que se establecieran todos los derechos para todas las personas, aunque aún falta largo camino para que sean accesibles a la humanidad toda. Pero en eso andamos. Esta manera de mirar a las mujeres, como sujetas con derechos, hace muy diferente sus vidas.
“En momentos como los que vivimos en todas nuestras latitudes, ante la zozobra por la fragilidad de lo ganado, este año nos llevamos también la seguridad de que estamos juntas haciendo un frente común por la defensa de la constitucionalidad democrática en nuestros países; por la defensa de la independencia y la autonomía judicial como baluartes de nuestras libertades”. La muy famosa jueza de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg afirmó: “Los disensos le hablan a un tiempo futuro. No se trata solamente de decir ‘mis colegas están equivocados y lo haría de esta manera’. Los mayores disensos se convierten en opiniones de la Corte y gradualmente, con el tiempo, su visión se transforma en la visión dominante”. Ojalá sus palabras sean proféticas.
Ginsburg también dijo: “Una constitución, siendo tan importante como es, no significará nada a menos que la gente esté anhelando la libertad”. ¿Será que en este país hay quienes quieran vivir como vasallos de un patriarca trasnochado? Sesenta años del nacimiento de Nellie al de Norma; sesenta años del nacimiento de Norma para que una mujer sea presidenta de la Suprema Corte de la Nación. Muchos años, muchos talentos femeninos olvidados y aun ahora, la desigualdad marca la vida de las niñas y las mujeres. ¿Hasta cuándo?
Acompañemos a Norma y a la Corte en su loable labor. No “en ese afán de castillos en el aire; ese arar en el mar de los ensueños” (Chabuca Granda). Justicia y libertades al alcance de la mano.
