Los cuidados

Ellas renuncian a desarrollar sus habilidades, sus capacidades, sus sueños e ilusiones. Renuncian a ser autónomas, a ganar su propio dinero, a manejar su tiempo, a cuidar su salud emocional.

Es un tema que reclaman las mujeres. Ellas deben, por tradición, mala costumbre, educación asfixiante desde la más tierna infancia, cuidar a las demás personas, hacerlo de “a gratis” y con los mejores modos. Es parte muy sustantiva de la sumisión. Hubo épocas, y hay países que aún en este muy convulso siglo XXI, prohíben a las niñas ir a la escuela. Deben aprender a cuidar preferentemente, a los hombres.

Es un tema que impide el desarrollo a quienes dedican sus horas, sus días, sus años, al cuidado de los demás. Ellas renuncian a desarrollar sus habilidades, sus capacidades, sus sueños e ilusiones. Renuncian a ser autónomas, a ganar su propio dinero, a manejar su tiempo, a cuidar su salud emocional.

Es un tema que las obliga a entender sin hablar, a atender a dos o tres tareas al mismo tiempo, a dispersar su energía para concentrarla en adivinar qué es lo que necesitan otros para estar bien, aunque ella quede como atropellada, después de algún desaguisado, de algún contratiempo, de alguna tragedia. 

Es un tema que las capacita para el cuidado de bebés, de niñas y niños, de adultas y adultos enfermos, de las personas con alguna discapacidad, de personas de la tercera edad, a partir de intuiciones, consejos, su propia observación, lecturas de libros adecuados e inadecuados, a escuchar muchos otros saberes, sin mayor apoyo. Pero, requieren de mucha paciencia y serenidad para ir capoteando temporales, adolescencias y andropausias. Y ahora, además, hay que cuidar a las mascotas. 

Se entiende rápidamente, por qué a la mayoría de los hombres no les interesa involucrarse en este tipo de tareas. Que fácil relegarlas, que cómodo decir que las mujeres, por genética, saben hacerlo y lo hacen bien… a veces. Viven sordos a las urgencias de las y los demás.

¿Qué perdemos como sociedad con este “arreglo”? Mucho se ha dicho de las pérdidas económicas, empezando con las individuales para cada mujer y las familiares para cada hogar. María Fernández, de El País, afirma: “Los organismos internacionales calculan que la discriminación de la mujer impide generar hasta 3,15 billones de euros extra a las economías europeas”. https://elpais.com/economia/2017/12/15/actualidad/1513339146_474321.html

“Sin duda, la entrada de las mujeres al mercado laboral supone una mejor situación individual y familiar, y, de acuerdo con lo analizado en esta investigación, una mejor situación de la economía en general. La feminización laboral dada por la reducción de las brechas de participación entre hombres y mujeres genera incrementos del PIB tanto en valores contemporáneos como en términos rezagados, y también muestra un potencial efecto positivo de mediano plazo”.

https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/42033/1/RVE122_Vasc...

El asunto no sólo es económico. En términos de sensibilidad, los hombres pierden muchísimo y la violencia gana cada día más. No saber lo que se gana al convivir y estar pendiente de las necesidades de las y los otros, va mermando la empatía, la sensibilidad y la comunicación. La realidad que transmiten los medios y las famosas redes parecen un manual muy eficaz de la pedagogía de la crueldad.

El problema no son los medios ni las redes, el problema es esa realidad donde la crueldad se ha adueñado de las mexicanas y mexicanos. Pero las mujeres (no todas) tienen un escudo para no perder esa urgente empatía y sensibilidad: saber lo que cuesta emocionalmente comprometerse con las y los demás, a través del cuidado.

Por eso, no es nada raro que sean las madres quienes buscan a sus querencias desaparecidas, quienes denuncian sin cesar, los feminicidios y son otras mujeres quienes las abrazan y apoyan. Nosotras, las que cuidamos, ponemos realmente, la vida en el centro.

Urge construir un sistema nacional de cuidados, para ser un país justo y en paz

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