Lecciones de templanza
La dignidad se construye día con día y protegerla, cuesta no sólo mucho trabajo y mucha templanza, sino también, asumir las consecuencias de no ser consecuente con la arbitrariedad, aunque nos vaya en ello desde el empleo hasta la vida
Templar el alma es una frase que tiene muchas y muy variadas connotaciones. Una, que conmueve, habla del trabajo hecho con la propia inteligencia sobre las emociones de una, uno mismo. Aprender a contener las pasiones y utilizar la energía de ellas para encausarla hacia rumbos venturosos.
Pocas veces tenemos la oportunidad de mirar una lección en la materia, la templanza. El pasado 5 de febrero lo atestiguamos. La tensión en el Teatro de la República era, como dicen, tan denso que el aire se podía cortar con un cuchillo. Por un lado, volaban y aleteaban los odios concentrados en la mirada turbia. Por el otro, la serenidad se había sentado en el lugar designado, a una orilla del centro, del cauce del río malamente atribulado.
La ministra Norma Piña sabe de lo imprescindible del respeto entre los seres humanos y hacia una de las creaciones más importantes de la civilidad: las leyes, la Constitución. Seguro, sabe también de la historia vivida en ese mismo lugar hace ya más de 100 años. El Constituyente de 1917 supo blandir la pluma para acallar pistolas. La palabra y el respeto a la misma apaciguaron los ánimos violentos.
- En ese mismo recinto se recibió la demanda femenina, encabezada por Hermila Galindo: “Las mujeres somos seres humanas y merecemos respeto. Exigimos el derecho a votar”. Los soberbios tapiaron sus oídos, cerraron los ojos y con voz engolada y justificaciones falsas, sentenciaron su negativa. Casi 50 años tardamos en arribar a ese nuestro derecho.
Lecciones que doña Norma tiene grabadas en su mente. Ella, que nació sólo un año después de que otra mujer, María Cristina Salmorán, ocupara una magistratura en nuestra Suprema Corte de Justicia. La primera mujer que, por sus capacidades, abrió esa puerta para que otras cruzaran y dejarán su huella en esa historia patria.
Y María Cristina también, alzando firme la voz, dijo que sus esfuerzos estaban encaminados a “servir a la patria en su doble carácter de mujer y de abogada”. Lo hizo y por ello se le recuerda, y es ejemplo de dignidad femenina. Se requiere mucha templanza para desarrollar trabajos siendo la única mujer en un equipo de hombres acostumbrados a no verlas, no escucharlas, minimizarlas y marginarlas. Pero, María Cristina antes, y ahora Norma, pueden y saben hacerlo.
En tiempos turbulentos, cuando se avivan hogueras para destruir cualquier atisbo de serenidad, es un buen presagio saber que hay quienes conservan la suficiente cordura para actuar rectamente. La ministra presidenta recordó las palabras de Donato Bravo Izquierdo, diputado constituyente: “Jamás he pretendido que el Congreso Constituyente de 1917... esté verificando una labor de perfecta sabiduría, pero sí creo que su obra es de evolución social, que hace conmover el cerebro y el alma del pueblo mexicano, ya que la Revolución le ofreció un horizonte de nueva vida que desconocía y que ha debido estudiar para obtener un progreso verdadero. Así, la sangre derramada en nuestras luchas intestinas no será estéril”.
Ella dijo: “La dignidad se construye día a día, con respeto entre los individuos, entre los Poderes, incluso, entre las naciones”. Cierto, muy cierto, la dignidad se construye día con día y protegerla, cuesta no sólo mucho trabajo y mucha templanza, sino también, asumir las consecuencias de no ser consecuente con la arbitrariedad, aunque nos vaya en ello desde el empleo hasta la vida. No es exageración.
- Proteger la herencia, el patrimonio, la sabiduría que quienes nos han precedido y los han plasmado en nuestra Constitución, es tarea de todos y todas. Urge dejar la indolencia en un rincón y poner nuestra atención y energía en defender al INE. Este 26 vamos al Zócalo a mostrar que queremos la paz y que somos ciudadan@s de un país más grande que los delirios de unos cuantos.
#MiVotoNoSeToca.
