Las bellas alfombras persas
Pero, si en la alfombra país, al norte, sur, este, oeste y centro desaparecen miles de nudos, más de un millón en menos de cinco años, cualquier persona experta diría que su reparación es casi imposible. Cómo reparar los daños de una guerra, no sólo los físicos, materiales, sino también los profundos daños psicológicos
El tejido social está roto, afirman a diestra y siniestra. Saber sobre las alfombras persas y la indispensable calidad de sus nudos, ayuda a entender la metáfora. Lo más importante es que se fabrican a mano, es decir, son tareas puramente humanas. Igual que el trabajo de reproducción humana: hijas e hijos y su educación.
Si cada persona es un nudo que ata genealogías distintas y, a la vez, ata hermanos, hermanas, y amigas y amigos entrañables, la urdimbre y la trama avanzan y van creando un maravilloso y original diseño. Cuando, por cualquier razón, se hace un agujerito, la alfombra pide auxilio. Lo mismo pasa cuando una persona muere: deja un hueco que se satura de tristeza. Ese agujerito puede repararse con los años, con las nuevas generaciones que van aportando nuevos nudos y con lo que se conoce como efecto lágrimas. Dolor.
Pero, si en la alfombra país, al norte, sur, este, oeste y centro desaparecen miles de nudos, más de un millón en menos de cinco años, cualquier persona experta diría que su reparación es casi imposible. Cómo reparar los daños de una guerra, no sólo los físicos y materiales, sino también los profundos daños psicológicos.
Peor, ¿qué sucede cuando las nuditas, los nuditos desaparecen? Esa promesa de continuidad histórica queda fracturada, interrumpida y absolutamente trastornada. Como sus ataduras aún eran endebles, se diluyen fácilmente, y el agujero crece desmedidamente. Se requerirá de mucha paciencia, serenidad y sabiduría para reparar ese faltante.
Nuestra alfombra ha estado expuesta al maltrato, la humillación, la vejación más inhumana: ni siquiera intentan detener el absurdo, mucho menos reparar el daño. Afirman que restaurar una alfombra persa es todo un arte que encierra devolverle vida a ella para que quede como original. Confiar en manos expertas. Si eso es para alfombras, ¿qué requerimos para el país?
Como dice el pueblo sabio, más vale prevenir que reparar. En cuidado de maravillas persas, para que no se deshilache, hay que ponerle un borde festón de hilo. Es más conocido como ribete. Esto es lo más básico. Es un pespunte que se hace en el borde de la alfombra, con fuerte hilo de lana.
Si aplicamos la metáfora, el borde de hilo fuerte de lana serán los cuerpos de seguridad ciudadana, que vigilarán el acontecer cotidiano e intervendrán cada que sea necesario, para evitar que se deshilache la sociedad. No olvidar plagas: escarabajos o malandros.
Los hilos que unen a la sociedad son vínculos de afecto, relaciones de amor y de cariño, que se desarrollan desde el momento mismo de nacer. Quien cuida a una recién nacida, a un bebé, establece, con la mirada ese vínculo. No en todos los casos, pero el hecho más contundente de la importancia de este vínculo lo están dando, cotidianamente, las madres buscadoras.
Por supuesto, al igual que con las alfombras, “no se enseña en ninguna universidad, pese a ser un arte milenario. Se aprende en casa, los hijos (las hijas) ven trabajar a sus padres (y madres) y muy pronto se convierten en artesanas, artesanos”.
En las modernas ciudades y en los pueblos con estructuras familiares rígidas, estas labores de afecto se han complicado muchísimo. No se puede negar el impacto de la violencia intrafamiliar (Secretariado Ejecutivo del SNSP: de 2015 a 2021 registraron un millón 450 mil 876 casos) y la violencia contra las mujeres (70 por ciento). La soledad en la que se espera, se cuiden niñas y niños.
- No sólo las madres solteras ven complicadísima esta labor; por algo será que muchos hombres no la asumen. No necesitamos dichos como ése de los abrazos, necesitamos instituciones que apoyen el buen desarrollo infantil y la seguridad ciudadana.
Tal y como enseñan quienes a tejer alfombras se dedican, hace falta mucho hilo de afecto robusto y mucho borde de buena y sana contención. Xóchitl está en el camino correcto.
