Hace más de 100 años

Nació en 1918 y la fama la tomó de la mano en los años 50. Como cualquiera puede imaginar,se enfrentó a muchos obstáculos y prejuicios abiertamente misóginos. Hasta las otras mujeresse ensañaron contra ella.

Una bellísima mujer, una increíble poeta, una mexica­na con los mejores recursos: talento para expresarse, inteligencia para aprender y reflexionar, belleza y re­conocimiento propio. De ella, Alfonso Reyes dijo que logró: “Conquistar por asalto y catástrofe el derecho a la libertad”. Esa fue su única brújula. Amor a la libertad, a todas las liber­tades posibles. Guadalupe Amor, Pita Amor.

¿Cómo hacer para que muchas más “conquisten el de­recho a la libertad”, sin necesariamente pasar por catás­trofes? Quizás, con una educación que, desde pequeñas, les vaya otorgando autonomía, una dosis fuerte de amor propio y enseñándoles a asumir las responsabilidades que sus actos acarrean. Parece imposible en este México de femi­nicidas, trata de personas, violaciones y agre­siones constantes desde los medios y desde chiquitas.

Sin llegar a las alturas que alcanzó esta muy original mujer, las que hoy vivimos te­nemos un contexto aparentemente menos represor que el que ella vivió. Nació en 1918 y la fama la tomó de la mano en los años 50. Como cualquiera puede imaginar, se enfrentó a muchos obstáculos y prejuicios abiertamente misóginos. Hasta las otras mujeres se ensaña­ron contra ella. Roberto Fernández Sepúlveda dice que fue “más autónoma que la universidad”. Sus letras retratan, según algunos, su mundo interior:

“Casa redonda tenía/ de redonda soledad: /el aire que la invadía/ era redonda armonía/ de irrespirable ansiedad./ Las mañanas eran noches, las noches desvanecidas, las penas muy bien logradas/, las dichas muy mal vividas. Y de ese ambiente redondo/, redondo por negativo/, mi corazón salió herido/y mi conciencia turbada/. Un recuerdo mantenido/: redonda, redonda nada”.

Una vida que, según sus palabras, desde pequeña fue de mucha soledad angustiada, de una falta de vínculos, de una ansiedad que sólo escribiendo encontraba paz. Una soledad vacía, donde la nada reinaba y sólo su amor propio mantuvo a la niña en pie. Recuerda los dichos de muchas personas sobre la “importancia de los hijos varones”. Eso tiene conse­cuencias en las niñas.

“Si el amor no lo he cantado,/ ¿será porque lo he vivido?/ Si el dolor lo he pregonado/ ¿será porque va conmigo?” y a pergeñar frases como: “En mi mente no cabe el caos... pero los estremecimientos de mi sangre son opuestos a la lucidez de mi entendimiento”. ¿A cuántas personas les sucede? Tuvo amigos importantes y amigas solidarias que la sacaron de un pozo de profunda desolación.

Una gran poeta, cuya soledad ha vuelto a envolverla. Na­die la recuerda, no la mencionan en antologías, no queda más que un leve recuerdo de sus extravagancias. Valiente, afrontó el sufrimiento y no cejó en su empeño por escribir y hacer lo que quería. Ser libre. Pagó un costo muy alto. “He escrito dos mil sonetos/ y mil novecientas liras,/ tengo un vestido de tiras/ bordadas, y seis cuartetos/”.

Así ha pasado con tantísimas mujeres, bri­llantes o no tan geniales, borradas en la his­toria familiar y en la historia nacional. No se valoran sus aportaciones ni sus saberes. Tris­teza pensar en ellas, quizás nos ayudarían a enfrentar este caos que se llama vida.

Pita sigue rodeada de silencio, de desdén y de desmemoria en la historia literaria de Mé­xico, como tantas otras mexicanas. De sus múltiples obras, sobresalen: Yo soy mi casa, Polvo, Décimas a Dios, Como Reina de Baraja, El zoológico de Pita Amor, Letanías y Liras, entre muchas otras.

“Soy vanidosa, déspota, blasfema;/ soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa;/ pero conservo aún la tez de rosa./ La lumbre del infierno a mí me quema.” Tremendamente ho­nesta, entrañablemente conmovedora. Afortunadamente, tuvo homenaje en Bellas Artes, con aplausos por 18 minu­tos, pero hoy, esa “genialidad incomprendida” ha vuelto a la sombra del olvido. “Nunca ha habido nadie semejante a Guadalupe Amor”.

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