Elena, Rosario, Cristina

“Nadie debería esfumarse en la búsqueda de un mañana”. Reconocer un tenis, una bolsa, un vestido. Jirones de amor, estropicios de la estupidez. Dolor mitigado con más dolor. Sentir las entrañas arder, saber de la incapacidad de proteger a los seres amados, a quienes se trajo a la vida para compartirla y gozarla. Topar con una sorda estulticia.

Tres grandes mexicanas, de palabra justa. Elena Garro: “Yo sólo soy memoria y la memoria que de mi se tenga”. Rosario Castellanos: “¿Quién es el que mata?/¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?/ ¿Los que huyen sin zapatos?/ ¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?/ ¿Los que se pudren en el hospital?/ ¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?”. Cristina Rivera Garza: “Me llamo cuerpo que no está”. Rancho Izaguirre.

Los hechos acorralan las palabras. Las y los desaparecidos han sido contados. Medida la larga duración del fenómeno. Calculado el dolor inabarcable. Sopesada la indiferencia. ¿Tres hoyos u hornos crematorios?, ¿adiestrar en matanzas?, ¿campo o cementerio? ¿Investigar es limpiar? Y culpar al de enfrente, ¿es justicia? Lavarse las manos y la cara. Cinismo para no denunciar al ayer inmediato. ¿Complicidad?

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Y sigue Cristina: “Una sentencia al silencio: nada nos pertenece más que el miedo y la incertidumbre, habitamos un espacio necropolítico que nos despoja de todo”. Así lo dictaminan en Las Mañanititas. El legado de un cobarde. Sus pilares: la impunidad a sus leales: carpetas mal integradas. La corrupción hasta de las palabras: la mejor democracia del mundo. Las burocracias del olvido.

Tres bofetadas de YSQ. La primera, Sinaloa. Un ¿gobernador? sin legitimidad. Una ciudadanía atrapada por cárteles implacables. Infancias y adolescencias que aprenden cómo librar balas e intentan olvidar angustias. Llorar a quienes son “daños colaterales”. Vivir recluidos, atemorizados. Todo está en calma. Cruel afrenta de Los alegres del barranco.

Segunda. Morelos. La impunidad del señor Blanco. ¿Patente de corso para delitos sexuales contra las mujeres? ¿Los “valientes” requieren mujerucas amenazadas?, ¿los compañeros de viaje sintieron alivio por el resultado? Ni la más fuerte pudo contra el pacto de complicidad.

Tercera bofetada. Jalisco. Llaga profunda que traga juventudes precarias —primero los pobres— y deja ciudadanas muertas en vida. Resistentes y poderosas, caminan sin descanso, escarban la tierra, suspiran al encontrar, al no encontrar. Son esperanza de rescate de dignidad. No ceden, no negocian, piden ayuda. No alteran el guion del poder: sigue de largo, baila y grita que nunca habíamos estado mejor gracias a tu promotor. Que se encargue la Fiscalía que no sirve. Crimen perfecto.

Caligrafías en resistencia: “¿Y si yo lo encuentro, qué?” Intentan que el olvido sea política pública. No lo lograrán. Ellas, las madres buscadoras están construyendo un sistema de cuidado donde nadie imaginó. El cuidado a la memoria de sus querencias. Sólo somos memoria. Acompañar el dolor, no consolar, no “dejar pasar el tiempo”. Actualizarlo con el desafío constante, dignidad esperanzada.

Ausencia/presente. El cuerpo que no está. Aquí lo traigo y lo pongo enfrente por virtud de la memoria. Aquí está, con su ausencia/presente y su corta, larga vida, sus recuerdos, sus anhelos, su ser querido más allá de la muerte. Apabullante presencia de las madres buscadoras. Benditas sean por revivir dignidad.

“Nadie debería esfumarse en la búsqueda de un mañana”. Reconocer un tenis, una bolsa, un vestido. Jirones de amor, estropicios de la estupidez. Dolor mitigado con más dolor. Sentir las entrañas arder, saber de la incapacidad de proteger a los seres amados, a quienes se trajo a la vida para compartirla y gozarla. Topar con una sorda estulticia.

“Si mañana yo no regreso, sé que ellas van a ir por mí”. La súplica, insensato deseo porque nuestros afanes no sean polvo, nada. Por favor, alguien que me busque, alguien que recuerde que estuve aquí. Grito desde la más intransitable soledad. “Y la memoria que de mí se tenga”. Ver el horror presente, imaginar mejor futuro.

(https://adondevanlosdesaparecidos.org/2025/03/28/y-si-yo-lo-encuentro-qu...).

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