Cuentas y cuentos

Dice Kjesed Faundes, artista chilena: “Scherezade es una heroína muchas veces invisibilizada. Sus cuentos se infantilizan y muchos no saben que la suya es una historia de resistencia contra el patriarcado musulmán, que utiliza como arma el poder de la palabra”. Saber usar la palabra, que no la palabrería.

Contar historias es una de las actividades más fascinantes para quienes tienen una imaginación desbordada de palabras. Escucharlas aún más, porque hasta parecen un hechizo. Y si no, pregunten al Sultán que escuchó a Scherezade. Heroína de tiempos remotos, que no pretendió fama ni poder, sólo buscó salvar a mujeres de feminicidios odiosos. Y se enfrentó al feminicida y lo sedujo con su palabra. Es cuento, lo sabemos, pero deja importantes enseñanzas. 

Dice Kjesed Faundes, artista chilena: “Scherezade es una heroína muchas veces invisibilizada. Sus cuentos se infantilizan y muchos no saben que la suya es una historia de resistencia contra el patriarcado musulmán, que utiliza como arma el poder de la palabra”. Saber usar la palabra, que no la palabrería. 

Dos mexicanas que saben de qué va la importancia de la palabra son Carmen Aristegui y Lydia Cacho (entre muchas). Y sus relatos no son cuentos. Son, más bien, sobre las cuentas. Cuentas que deben entregar quienes ostentan algún poder, sea Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Ellas buscan verdades, no como en ese otro cuento de Gretel (primero, las mujeres) y Hansel, donde seguían el rastro dejando en el camino a casa migajas de pan y fueron a dar, no con la bruja sino con fanfarrones. (Lydia y Carmen).

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Buscar verdades es tan arriesgado, que ya hay muchas alarmas encendidas. Y esas verdades se encuentran después de arduos trabajos, ya sea en la ciencia o en el periodismo. Pero son fundamentales para vivir de mejor manera en este mundo. Aunque a quienes hacen el trabajo les acarree innumerables problemas. Basta leer Cartas de amor y rebeldía, de Lydia Cacho para constatarlo. Por salvar niñitas, vive en el exilio.

Carmen ha tenido que sortear arbitrariedades desde hace años y ahora, otra vez “va el burro al trigo” (estamos hartas de que cuando conviene, feminizan y más que cansadas de oír tanto ataque a una periodista valiente). Las verdades no gustan porque hacen ver las deformidades de sistemas, personas y personajes, quienes, cual protagonistas del cuento Piel de asno, rehúyen enfrentar sus propios errores y pretenden “no ser como los de antes”.

“La palabra es más fuerte que la sangre”, dijo Franz Rosenzweig. “La pluma es más poderosa que la espada”, afirmó Edward Bulwer-Lytton. La fuerza de la palabra, del diálogo es hoy más necesaria que nunca, pese a las dificultades. Respeto también a nuestras instituciones, todas, gobierne quien gobierne, porque sólo así se respetan los valores democráticos.

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Camus, al recibir el Nobel de Literatura, señaló: “Si un día el quehacer del (o la) político/a se acerca al del (o la) escritor/a y pone su trabajo al servicio de la verdad y la libertad, ese día la política será otra y el político (o la política, sugerimos) se habrá salvado y habrá cumplido”. Francia Márquez, vicepresidenta de Colombia, tiene muy amplia y exitosa carrera como activista. Ahora tiene un reto enorme: ser congruente con sus luchas, con una visión feminista de la política, de defensa de la dignidad, la justicia y los derechos humanos, desde su piel afrocolombiana.

Ella, con su presencia y su palabra, puso en el debate público el racismo, el clasismo y el machismo en la política colombiana: “El gobierno de los nadies y las nadies de Colombia. Vamos, hermanos y hermanas, a reconciliar esta nación. Vamos por la paz de manera decidida, sin miedo, con amor y con alegría. Vamos por la dignidad. Vamos por la justicia social. Vamos las mujeres a erradicar el patriarcado en nuestro país. Vamos por los derechos de la comunidad diversa LGBTIQ+. Vamos por los derechos de nuestra madre Tierra, de la casa grande. A cuidar nuestra casa grande y a cuidar la biodiversidad. Vamos juntos a erradicar el racismo estructural”.

Defender la palabra, la congruencia, las verdades. Tarea nada fácil, valiente y muy valiosa.

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