Caminos sin ley

Serio y chusco. Erasmo de Róterdam, humanista, defensor de la educación, la cultura y la civilización, dice que no puede democratizarse todo y que es necesario cuestionar con argumentos, no quedarse en zonas marginales de la inteligencia. Eso, ¿se parece al humanismo mexicano?

Graham Greene tituló así su libro sobre México, 1939. Hoy, México es eso y más. El gobierno, para variar, no augura mejoría. Sólo ver al Periquillo Sarniento dirigiendo un indignante espectáculo hace sentir el terror que sembró Robespierre en Francia, 1789-1799.

Adiós a la seriedad. La pandilla de don Gato, feliz. Apuesta a ser de nuevo, mandamás en la Suprema. Unas porristas, disfrazadas de senadoras, ayudaron a tapar la indignación con arrastradas carcajadas, y el ridículo Periquillo vio sus más obscenos sueños convertidos en realidad: burlarse desde el lugar que jamás hubiera alcanzado su escaso talento.

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La Celestina, encargada de dialogar con los desencuentros. Calisto y Melibea recurren a ella y muchos otros y otras, pero ella tiene dueño. Debe recordar cuando la codicia se mezcló con la lujuria y la mataron (o la silencian), lo que provocará la venganza de sus dos amadas y sumisas presidentas. Tras una muerte accidental, queda sólo la desolación total de su dueño Pleberio. Celestina, alcahueta, representa un mundo en el que las leyes deberían desaparecer.

Historia lejana. Idi Amin Dada, alias El carnicero de Uganda. En 1978, Radio Uganda anunció: “Su excelencia, el presidente vitalicio, mariscal de campo Alhaji Dr. Idi Amin Dada, declaró la guerra a Tanzania”. Perdió y huyó. Su régimen, ocho años, fue de abuso de los derechos humanos, represión política, asesinatos extrajudiciales, nepotismo, corrupción y mala gestión económica. Fue muy popular por sus orígenes humildes, por hablar varias lenguas del país y por el descontento con el anterior gobernante. Fue recibido con entusiasmo.

Serio y chusco. Erasmo de Róterdam, humanista, defensor de la educación, la cultura y la civilización, dice que no puede democratizarse todo y que es necesario cuestionar con argumentos, no quedarse en zonas marginales de la inteligencia. Eso, ¿se parece al humanismo mexicano? Suenan fanfarrias y aparece el Mosquito que promete consolidar la nueva escuela fábrica para tornear productos incapaces de leer, sumar, escribir o restar. Los títeres de cachiporra gritan es un honor… Ha quedado instituido el analfabetismo ideológico.

De género. No falta la niña de las mentiras, Teresa de Manzanares, acompañada por la Garduña de Sevilla, bribonas engañabobos, listas y preparadas, seducidas por un poderoso resentido, quien les puso guardián con más poder. Otro par de pájaras de cuenta, que siguen las leyes del dinero, la traición y la mentira, debían cuidar y contar votos, pero se amistaron para trampear al respetable.

Desde otra orilla, un hombre sensato habla de combatir las causas y no señala una de las más dañinas, la impunidad, donde los políticos se dan el quién vive. Para nadie es secreto su pacto con capos y delincuentes de cuello de cualquier color. La cultura de la legalidad, pisoteada y sobre ella bailan el Jarabe Tapatío. ¿Haremos una tómbola para acusarlos penalmente? No faltó el desgraciado traidor, que de su nombre reniega, Sergio. Debía dar seguridad y certeza de acciones de juzgados y falló.

Del diccionario de la RAE, indignación: “Sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial”. Indignante espectáculo en el Senado y las coronas del PRI. Trataron de humillar a integrantes del Poder Judicial. El filósofo Javier Gomá, afirma: “Nadie puede atropellar la dignidad sin envilecerse, sin degradarse y sin degradar”.

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Y dice más: “Descubrimos que junto al principio mayoritario o democrático, en el que prevalece siempre la mayoría, debemos proteger al individuo frente a los posibles atropellos de la mayoría. Y esa defensa del individuo frente a la posible tiranía de la mayoría es la dignidad”. Respeto a quienes están en huelga.

(https://www.bbc.com/mundo/noticias-54569672).

En el nombre lleva la penitencia, Claudicar. ¿Banalidad del mal?

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