Bocelli: Le tue parole

Clara Scherer

Clara Scherer

Editorial

"Donde va a morir el sol”. Así inicia lo que se convierte en un original reclamo que podemos ubicar en ese Acapulco perdido, cuando admirar ocasos era común, sin temor a la inseguridad. Hoy, según las cuentas nacionales, esconde el misterio de más de mil 200 personas desaparecidas. En muchos otros parajes del país, en los que contemplábamos el atardecer, sucede lo mismo.

“Donde el viento va y reposa”. Quizá, en uno de sus juguetones revoloteos, nos muestre que, en las promesas de su campaña ni siquiera mencionó a esas personas. Su promesa fue sólo continuar con los mismos protocolos de búsqueda, que a estas alturas, han sido comprobadamente ineficientes, aunque la realidad golpee a diario la indiferencia negligente.

“Ahí se encuentran tus palabras”. Pero las que no se encuentran, aunque gritan porque duelen son las de los familiares de más de 132 mil personas a las que, por haberles amado tanto, se niegan a pasar al ingrato territorio del no recuerdo. Por eso, salen cada día murmurando “hasta encontrarte”.

“En la tarde esperaré”. Porque el motivo más fuerte para seguir en la brega es la esperanza, y ésta se ha desperdigado por todo el territorio nacional. Ya es esa tarde y no hay ningún cambio en el corazón del poder. Al contrario, ganas de borrar la tragedia y enojo por su repercusión internacional. ¿Cuánto más tendremos que esperar para ver resultados?

“No es justo que una donna, por temor a equivocarse…”. Si hay un Comité de expertos de la Organización de Naciones Unidas dispuesto a poner a nuestro servicio sus capacidades técnicas y financieras para empezar a resolver la tragedia que nos tiene en suspenso, ¿por qué ella la rechaza? ¿A qué o a quién le teme?

“Y tener que conformarse con una historia siempre igual”, ésa, la que narra los tantísimos fracasos de este país. Ésa, que por no escuchar a las y los ciudadanos, va de trompicón en trompicón, sin entender que la vida de sueños solitarios y sin amor es imposible por invivible.

“He encontrado tanta gente, que en un mar de palabras”, intentan confundir a quienes tienen claro un solo y muy apesadumbrado deseo: encontrar a sus querencias, sabiendo que la verdad puede ser muy amarga, pero preferible a la incertidumbre de existir sin saber.

“Y ante tristes confusiones, esperando” que haya conmiseración, serenidad y resolución a favor de su causa, que es, aunque no lo entendamos, la causa de todas y todos. Ni una persona más en ese limbo infinito de las desapariciones. Volverse experta, experto en recorrer territorios con varilla y pala para escarbar, es algo más que destino siniestro.

La poesía, siempre la poesía. Quizá, como dulce y momentáneo consuelo para quienes buscan incansablemente, este verso de Julio Cortázar: Si me ves por alguno de tus pensamientos/ abrázame que te extraño, les dé aliento para seguir sin desmayar.

O, cambiando de vereda y recordando las palabras de Jaime, nuestro Sabines: “El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable”. Sumarnos a las voces de estas madres buscadoras, es reconocer su duelo, su tragedia cotidiana, su insomnio permanente. Comprender que el amor a sus querencias se ha tornado insoportable, pero es su razón para seguir. Y por eso, seguirán. A pesar de la impunidad y la corrupción, piedras que debemos ayudar remover. Con palas aplicadas a la ley y con varillas filosas de denuncias.

El arte de la persuasión exige muchas capacidades para el diálogo. Escuchar con empatía y no a través de mensajeras. Ni la necedad, que no es tenacidad, ceguera que sólo receta un “pésele a quien le pese” amenazante, cual bully furioso. Ojalá no la hayan escuchado esas madres desoladas. Seguir sin enfrentar la realidad aumentará las cifras de desaparecidos, la de personas no identificadas, la tristeza y desolación en más familias.