Azucena
Azucena, sabemos de tu fortaleza y confiamos en tu vocación de comunicadora. Por ello y por mucho más, te seguiremos donde quiera que labores, porque sabemos que tu trabajo y tus afanes son en beneficio de ese valor inmanente de la democracia, que es la verdad.
De las cualidades de la flor que lleva ese nombre, la famosa por talentosa conductora de noticias, coincide con ser perenne; es decir, “continuo, incesante, que no tiene intermisión”, según el diccionario. Tendremos Azucena para rato, afortunadamente.
Azucena a las diez fue un programa de diez. Excelente información, cuya conducción era rápida y sin mayores aspavientos. De mirada firme, voz serena y preguntas pertinentes. Como buena periodista, incómoda al poder y, a cualquiera de ellos. La verdad, como dicen, “nunca es triste, lo que no tiene es remedio” (Serrat).
En épocas de oscuridad, la necesidad de personas que prendan luces es imperiosa. Por lo mismo, a quienes incomoda, les lleva a intentar apagarlas. Vano intento, la verdad aflora en Azucenas, Cármenes, Denises y tantas mujeres resilientes. Claro que también hay hombres que se dedican a ese extraño afán de perseguir realidades y gritarlas al mundo entero. Pero, ya sabemos, las mujeres han tenido que brincar muchos más obstáculos que sus compañeros. Por eso, son además empáticas con el dolor que causan las mentiras.
La verdad duele, pero las mentiras matan. De esto, dan cuenta los más de 800 mil muertos de la pandemia, a pesar de los “Detente”, o quienes han llamado inútilmente a la megafarmacia, o la lucha contra el huachicol que dejó cientos de muertos en Tlahuelilpan. Y qué decir de “abrazos, no balazos”. O de la Navidad en Acapulco.
Las flores encarnadas, las azucenas y las xóchitl abundan en el país. En la Fundación dedicada a escuchar con los ojos a las mexicanas, hay más de dos mil casos documentados de ello.
Relatos de vida, como el de una mujer indígena que tituló su testimonio De cuidar borregos, a cuidar el Sol, en el que relata cómo en su infancia, por pobreza, se vio obligada a apoyar a su madre cuidando tres borreguitos. En la soledad, alguien la enseñó a leer, a ver las estrellas y con mucho ánimo y el apoyo de su madre, logró graduarse en Ciencias, en la UNAM. Hoy, es astrofísica y trabaja en el Instituto de Investigaciones de ese ramo, cuidando que un determinado tipo de partículas del Sol no rebasen cierto límite.
Otro conmovedor relato, de una niña abandonada que, por un impulso genuino de superación personal, estudió en el INEA al tiempo que trabajaba como empleada doméstica. Migró, llegó a Tijuana, la contrataron en una maquiladora, se convirtió en líder sindical y ha logrado derribar murallas para mejorar las condiciones de miles de obreras.
“La principal aportación filosófica (de María Zambrano) es la razón poética que describe ‘como una gota de aceite’ que se expande y nos lleva a comprender desde una experiencia concreta el sentido de la condición humana”. Esa condición, siempre vulnerable, que, a partir de vínculos afectivos profundos, es capaz de levantarse y alcanzar la altura de la excelencia de esa misma condición humana, sin dejar de apoyar a las y los otros. (Sánchez-Gey Venegas Juana).
Esa razón poética, capaz de estudiar y describir racionalmente, una realidad al tiempo que reflexiona sobre sus dimensiones irracionales. La conjunción de saberes, “que aprendiese, bajo el signo de una razón nueva y creadora, tanto las dimensiones racionales como las irracionales de la existencia”. (Moreno Sanz, Jesús).
Azucena, sabemos de tu fortaleza y confiamos en tu vocación de comunicadora. Por ello y por mucho más, te seguiremos donde quiera que labores, porque sabemos que tu trabajo y tus afanes son en beneficio de ese valor inmanente de la democracia, que es la verdad.
No olvidemos que el 18 de febrero marcharemos para defender nuestra cada día más vulnerada democracia y nuestra pisoteada legalidad, organizada por asociaciones civiles y la ciudadanía consciente. Partirá a las diez de la mañana, del Monumento a la Revolución y concluirá en el Zócalo.
