“Abre la botella, amiga, que tenemos un poema”
Mujeres, rompan con los miedos a la libertad, con el miedo a la soledad y a tomar decisiones. La soledad es un espacio necesario para ejercer derechos autónomos, para obtener experiencias y reflexionarlas”
Verso de Loreto Sesma, que inscribo en esta página dedicada a mi amiga María Elena Chapa. Una de las más destacadas defensoras de la libertad femenina. Es más, una constructora de la libertad de las mexicanas. La han reconocido en su tierra, Nuevo León, con la medalla Diego de Montemayor, quien fundó la ciudad de Monterrey y gobernó el Nuevo Reino de León. Me ocasiona cierto desasosiego. Mató a su tercera esposa y “el Virrey lo exoneró de todos los cargos, ya que la ley no castigaba la muerte por ese motivo, pues el marido estaba en pleno derecho de hacerlo para lavar una injuria tan ignominiosa a su honra”. Cuestión que María Elena se ha ocupado de trastocar. Nadie tiene derecho a matar a nadie. Ya se tipificó el feminicidio.
A mediados de los noventa, de nuestra amistad cómplice nacida en Oaxaca, junto con Marcela Serrano y Sara Sefchovich, surgió el grupo La Conjura, al que se sumaron varias mujeres más, todas interesadas en modificar la cultura de la subordinación femenina y abrir camino por las cuestionadas cuotas de género, indispensables para lograr propósitos de igualdad en derechos.
Envidiable su valentía, cuando siendo diputada decidió participar en la Comisión de Presupuesto, y algún caballero intentó darle con la puerta en las narices, pero hábil y decidida, metió el pie, entró, argumentó y hubo presupuesto por primera vez para atender la violencia contra las mujeres.
María Elena, la incansable, cultiva la amistad y no sólo con Las Reinas, a quienes invitó al Centro Universitario de Estudios de Género (CUEG) de la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1998 y 2000. “Mujeres, rompan con los miedos a la libertad, con el miedo a la soledad y a tomar decisiones. La soledad es un espacio necesario para ejercer derechos autónomos, para obtener experiencias y reflexionarlas”. Libro-homenaje a la inolvidable Graciela Hierro, cuestionadora del papel de la madre, buscando el diálogo entre madre e hija, reivindicando la sexualidad femenina, valorando la soledad. Descubrir el espacio y el cuerpo que Virginia Woolf y Simone de Beauvoir proclamaron. Y de la muy querida Cecilia Loria Saviñón, quien en una noche de gran desesperación, le dijo: “Resiste Chapa, que hay que sostener la utopía”.
Publicó también Tejedoras de historias, libro del que tomo palabras de Amparo Espinosa Rugarcía: “Las mujeres hemos reclamado la propiedad de nuestro cuerpo y estamos reclamando la propiedad de nuestro tiempo. Hemos conseguido presencia en los espacios públicos. Ahora le toca el turno a la relación con el hombre. Hay que redefinir este vínculo. Hay que modificar sus presupuestos. Sabemos que es demasiado fuerte y complejo. Sus ataduras son difíciles de romper”.
Novia de Zygmunt Bauman, quien nunca supo de la existencia de su muy apasionada enamorada, a quien cautivó con el romántico concepto de modernidad líquida y la sedujo describiéndole los avances teológicos, creyéndolos ilimitados. Le explicó que sería muy tortuoso seguir con la conjura por esa cultura del desapego que estamos viviendo. Le habló del dolor del olvido, del consumo como sedante moral, de las redes como trampa, de los vínculos humanos frágiles, de la cibervida, del surgimiento de los millennials y los centennials.
¿Qué pasó con Zygmunt? No sabemos. Lo que sí sucedió fue su profecía esa de la obsolescencia programada, del activismo de sofá con celular en mano, enviando tuits y haciendo temblar al mundo. Llegó Trump con esa manía y desde ahí gobierna.
Y, como desde siempre maestra, María Elena dice: “A ver si se nos graba, ya como tarea, hagan cinco planas: “La igualdad es un principio constitucional que no admite pacto en contrario”. Porque, ¡ay, cómo batallamos! Es una lucha que hacemos todas, cada quien desde nuestro pedacito, nada más para lograr ser respetadas. No es pedir mucho, al final de cuentas”.
La poeta española Loreto ha escrito: “Huye de quien te diga cómo vivir, porque ni él ni nadie tenemos ni puta idea de cómo hacerlo. Y arriésgate, porque echar de menos es como si el corazón dijera: Oye, me rindo, a mí no me jodes más”. Ya ha quedado claro que el poder es cosa de hombres y de mujeres a la par, y por eso, paridad.
