A las juezas y jueces de México

Constatar que han hecho lo que corresponde, que ustedes no son quienes están en falta ante el recto proceder. Las experiencias vividas, razonadas en un entorno cargado de emociones, permite comprender el arduo camino de sostener verdades ante injusticias y crímenes evidentes. No es fácil, no es rápido, no es cómodo.

Agradecer lo que hacen (y han hecho) es lo que corresponde cuando, por sus principios, ideales y honestidad profesional, los han puesto en la mira de quienes viven con la ley de la selva en la mano. No son tiempos fáciles para enfrentar miserias morales (venganzas, envidias y hasta ignorancia disfrazada de soberbia) y prepotencia que permite y promueve un sistema patriarcal anquilosado y vetusto.

Ha tocado a mujeres valientes, íntegras y autónomas, llevar la parte más dolorosa de estos episodios cargados de misoginia. La abogada Angélica Sánchez y la ministra presidenta Norma Piña. Sus fortalezas, capacidades y compromiso con la ley no se han visto perturbadas por el mal hacer de gobernantes, pero sí las han conmovido.

Sus familiares y todas las personas que creemos que la dignidad humana debe respetarse y que las leyes, si bien no son perfectas ni justas, son el camino de la civilidad, la concordia y la única clave hasta hoy inventada para la sana convivencia social, estamos pendientes y haremos lo que podamos para evitar sucesos aún más catastróficos. Es decir, no están solas.

Esa conmoción las lleva a la reflexión. Constatar que han hecho lo que corresponde, que ustedes no son quienes están en falta ante el recto proceder. Las experiencias vividas, razonadas en un entorno cargado de emociones, permite comprender el arduo camino de sostener verdades ante injusticias y crímenes evidentes. No es fácil, no es rápido, no es cómodo.

Cuidar a la Constitución, respetar las leyes que de ella emanan, como juran muchos funcionarios al asumir cargos, parece fórmula vacía. Su contenido lo dan, precisamente, quienes actúan conforme a la palabra comprometida. Y por supuesto, tiene consecuencias. Las están viviendo, de manera atroz la jueza Angélica y de forma pertinaz, la ministra Piña. Que el miedo no las paraliza, que saben recuperarse de cada golpe, que llevan la indignación de muchísimas mujeres en la piel, nos queda claro. Que desde ahí pueden activar propuestas que permitan a muchas acceder al derecho a la justicia, también.

La memoria es aliada en momentos difíciles. Releer a Nicole Loraux, ¿Qué es una Diosa? y toparnos con una muy extraña ley: a los dioses del Olimpo griego les estaba prohibido sufrir por un o una mortal. ¿Esta ley aplicaría para quienes se creen dioses o diosas? A saber, pero algo dice del endurecimiento emocional de quienes gobiernan. No hay que olvidar a Némesis, que castiga, sobre todo, la desmesura.

En este confuso presente, el horror talibán persiguió incansablemente a las juezas. Una de ellas, Sahar, salió a toda prisa al exilio en Brasil. Sabían que hacer su trabajo representaba una amenaza para su vida y la de sus familiares. Hemos visto lo que significa para las mujeres un régimen como ése.

Vanessa Ruiz, presidenta de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas: “En tiempos en los que los conflictos violentos, el desplazamiento económico y un clima cambiante causan niveles más altos de incertidumbre y miedo alrededor del mundo, movimientos autoritarios y no democráticos intentan presentarse como el antídoto de tales problemas. La solución debe ser el Estado de derecho: una fuerza decisiva, estabilizadora y moderadora”.

https://www.unodc.org/dohadeclaration/es/news/2019/01/the-role-of-women-...

A estas dos mexicanas ejemplares les está costando pagar un muy alto precio por su defensa de la legalidad, del Estado de derecho, que en México establece la división de Poderes y la no irrupción en las funciones del poder judicial por ninguno de los otros, el legislativo y el ejecutivo. Las lecciones de la historia confirman la importancia de esta división para la democracia. Nuevamente, muchas gracias por cómo hacen lo que nos beneficia a todas y todos.

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