Matar a un ruiseñor
Nelle Harper Lee, premio Pulitzer 1961, autora del libro que da título a este artículo, fue una mujer a quien la injusticia la llevó a la literatura. Su novela “muestra a una comunidad dominada por los prejuicios raciales, la desconfianza hacia lo diferente, la rigidez de los vínculos familiares y vecinales y con un sistema judicial sin apenas garantías para la población negra”
Escrita para la gente joven de hace más de 70 años, debiera seguir siendo lectura obligada en todas las escuelas. Entender a las y los otros como seres con la misma dignidad es imperativo. Novela que contiene verdades —sobre la infancia, sobre el trauma del racismo, sobre la identidad de Estados Unidos— que más de medio siglo después perviven. Y lo estamos viendo con los ojos desorbitados, desde que llegaran los vientos huracanados de un showman metido a presidente.
De la desconfianza hacia lo diferente. En diciembre de 1955, Rosa Parks, una mujer negra, fue arrestada por no viajar en la parte trasera del camión y no ceder su asiento a un pasajero blanco. Hoy, cualquier persona no blanca puede ser detenida y deportada sin miramiento alguno a la legalidad. Abril 2017, Maribel Trujillo, nombre de la protagonista de una historia más de incomprensión. “ICE optó por no ejercer la discreción procesal en este caso, a pesar de miles de llamados telefónicos y reclamos llegados desde todo el país”. Entre quienes apelaron en su favor, estuvo el gobernador republicano de Ohio, John Kasich, quien lamentó no haber podido ayudarla a permanecer junto a su familia.
De la rigidez de los vínculos familiares. Cuenta también sobre la represión sexual y de padres (hombres) fatalmente posesivos, y hasta destructivos, con sus hijas. “Mayella Violet Ewell —la presunta ultrajada— es una joven esmirriada, con un pelo frágil y un flequillo que casi le tapa los ojos, prisionera de su padre y posiblemente víctima de sus tocamientos incestuosos. Tan lamentable es su aspecto y su reclusión que alienta la lástima del acusado Tom. Un negro, apiadándose de una mujer blanca. Otra osadía para 1962 (¿incluso para 2017?)”.
Y en Guerrero, el fiscal, ante la denuncia de desaparición (secuestro) de una muchacha de 17 años, culpa a la madre y la manda a examen sicológico. El mundo al revés. El señor no entiende cuál es su obligación y, menos, que la pésima novela familiar que trae en la cabeza no explica la realidad. Lo primero importante es hallar a la joven y no continuar difundiendo sus prejuicios para ocultar su incapacidad. Afirmó que “anda prostituyéndose” sin darse por enterado de que personas como él, prejuiciosas, son quienes alimentan el delito de trata. Qué lamentable para las guerrerenses tener un fiscal como éste.
De la frase “y con un sistema judicial sin apenas garantías para la población negra”, a la que si se cambia el adjetivo negra por femenina, da cuenta de lo que sucede en la Ciudad de México. Casos que dan terror, como el de Lesvy Berlín Osorio, de 22 años; el de Itzel, de 15, y muchos más, dejan el alma estremeciéndose. La publicación de los resultados de la última encuesta sobre relaciones en el hogar del Inegi (Endireh 2016) constata que esta ciudad está lejos de ser un lugar seguro para las mujeres, y el jefe de Gobierno sólo dice que “hay que cambiar indicadores”.
Nelle Harper Lee recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Justo eso era lo que merecía. La novela retrata cómo desde la discriminación, las personas dejamos de ser libres. Escribir en favor de los derechos de todas y todos, desde la infancia hasta la vejez, e impulsar la reflexión en las mentes que aún poseen flexibilidad, es actuar con la mejor herramienta, la palabra, por la igualdad, la justicia y contra el racismo.
“Si sabes aprender una treta sencilla, Scout, convivirás mucho mejor con toda clase de personas. Uno no comprende de veras a una persona hasta que considera las cosas desde su punto de vista, hasta que se mete en el pellejo del otro y anda por ahí como si fuera el otro”.
