Una propuesta

Mientras las instituciones de varias entidades federativas se afanan por cumplir con las recomendaciones de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres sobre la Alerta de Violencia de Género, algunas empresas de publicidad se empeñan en mantener las desigualdades de género con anuncios que condensan mensajes dirigidos a los hombres, asegurándoles su “superioridad”, y a las mujeres les reiteran esa calidad de objetos, sumisas y obedientes. Roles y estereotipos que hacen daño, que matan de muchas formas

Quienes han analizado los mensajes a partir de la semántica, la semiótica, la lingüística y la etimología concluyen que ya no importa promover productos, sino que basta posicionar la marca y promover ideas que al sector poblacional al que quieren agradar para que la consuma, le convencen. Les dicen lo que quieren escuchar.

En esta competencia por ganar consumidores y en el marco de las desigualdades existentes, ni duda que los hombres tienen más poder adquisitivo. Hay quienes afirman que la “crisis de masculinidad” está provocando la necesidad de reforzar el ego masculino, pero triste y lamentable manera de hacerlo, ya que como dijera Gandhi, “cuida tus pensamientos, pues se convierten en palabras y cuida tus palabras, que pronto se convierten en actos”. No es denostando a las demás como se muestra la calidad del ¿contrincante?

Peor aún, se afirma que la publicidad y, en general, los medios masivos, son mucho más efectivos que las y los maestros, quienes están en una grave desventaja frente a los recursos utilizados por las empresas. Mensajes cortos, con música “pegajosa”, colores alegres, repetidos a lo largo de los días y durante semanas. Las maestras y maestros, con su voz, el pizarrón, los gises y el mortal aburrimiento de discursos acerca del porqué hay que respetar a las compañeras o, quizá, de procurar que la violencia no sea una forma de abusar, y, menos, de intentar solucionar conflictos.

Urge organizar foros y debates, reflexionar con las y los publicistas, generar opciones en las escuelas y universidades, donde a partir de la identificación de las propias emociones, su expresión y su contención, encontremos vías para dejar de entender el sexismo en la publicidad como un acto “creativo”, y realmente comprendamos la responsabilidad que las empresas tienen con la sociedad que les da sostén. La educación socioemocional y el acompañamiento emocional son cruciales en una sociedad sacudida por la violencia.

Sobre la “crisis de masculinidad”, nada sería mejor que estudiar la recién aprobada Ley de Salud Emocional de Inglaterra para intentar avanzar una en México. Y, también, la decisión inglesa tomada a raíz de un informe titulado Descripciones, percepciones y daños, en el que se argumenta que no existen mecanismos para tratar el “daño potencial o los delitos que pueden surgir de la venta de estereotipos en la publicidad”. Por supuesto, hay ya voces en contra de estas normas, pero siempre habrá quien se rompa las vestiduras por cualquier cambio y más si les quita privilegios.

Nota sobre la cruel realidad y sus metáforas.

Premoniciones o simples delirios, pero los hechos parecen decirnos claramente ¡aguas! Primero, un socavón del cual no acabamos de salir y que envuelve en tragedia de distintas dimensiones, no sólo a la familia afectada, sino al gabinete federal y al estatal, a los habitantes y hasta a los turistas.

Luego, una asamblea del partido en el poder y un integrante destacado y apreciado por muchas personas, afectado por Alzheimer, se pierde. ¿Metáfora a manera de diagnóstico sobre el Partido Revolucionario Institucional? El año entrante hay elecciones y las ¿advertencias, los delirios? ahí están.

Y para terminar, el hasta ahora único candidato a la Presidencia viaja a un país latinoamericano, intentando revivir pasiones setenteras, cuando muchos cantaban “que viva el Santo Padre, que viva en Roma, que le están degollando a su paloma”. O quizá sólo desea apropiarse del nombre y no del destino del presidente Allende.

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