Las que nos cuidan y quienes los encubren
Hay un pacto patriarcal en el sistema judicial.
“Nunca vamos a encubrir a un feminicida", declaró con firmeza la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en la conferencia de prensa donde se refirió al feminicidio de Ariadna Fernanda. Por lo que significa, su declaración caló profundamente en muchas de nosotras y el caso en general, al menos lo que se conoce hasta ahora, revela la realidad de violencia e impunidad a la que nos enfrentamos las mujeres de forma cotidiana.
Hoy, la opinión pública sabe que un hombre y una mujer son los dos acusados como presuntos feminicidas de Ariadna Fernanda, una joven de 27 años, reportada como desaparecida. Se le habría visto por última vez en un bar de la Ciudad de México y sus amigos sabían que se encontraba en el departamento de la pareja mencionada. Su cuerpo se encontró cerca del kilómetro siete de la autopista La Pera-Cuautla, en Morelos, el pasado 31 de octubre. Días después, Uriel Carmona Gándara, titular de la Fiscalía General de Morelos, anunció que Ariadna habría fallecido por una “broncoaspiración secundaria a intoxicación etílica”; en palabras comunes, una intoxicación alcohólica. Además, la Fiscalía de Morelos afirmó que no había lesiones y descartó que el caso respondiera a un feminicidio. Este dictamen no era suficiente para las amigas y familiares de Ariadna, por lo que se acercaron a la Fiscalía General de la Ciudad de México y solicitaron una nueva necropsia, que tuvo un resultado totalmente distinto: el 3 de noviembre se conoció que Ariadna sí presentaba lesiones y sí, se trataba de un feminicidio. Este caso, por un lado, ha permitido ver las grandes diferencias entre el actuar de las fiscalías de Morelos y de la CDMX, ésta última encabezada por Ernestina Godoy, quién abrió una carpeta de investigación por posible delito de feminicidio, sobre todo porque el protocolo de investigación de feminicidios se aplica para toda muerte violenta de una mujer.
Por otra parte, el caso de Ariadna también ha revelado una serie de realidades que importantes mencionar para combatirlas:
1. Rautel “N”, uno de los presuntos feminicidas, es un empresario que, además de arrebatarle la vida a una mujer, decidió tirar su cuerpo en una carretera, sabiendo que encontraría un pacto patriarcal-criminal en la Fiscalía de Morelos que le cobijaría de impunidad.
2. Este empresario, a quien se puede ver cargando el cuerpo de Ariadna en los videos de las cámaras de seguridad del estacionamiento de su departamento, utilizó sus “contactos” para encubrir lo acontecido esa noche. Dio la misma versión de una Ariadna alcoholizada, desconoció lo acontecido y afirmó que ella se había subido a un taxi. Incluso fue a su funeral y dio una versión en contubernio con la Fiscalía de Morelos.
3. A la Fiscalía de Morelos no le importa atender sus obligaciones legales, ni garantizar justicia ni darles respuesta a familiares y amigos de la víctima. Es inevitable preguntarse: ¿cuántas veces y en qué casos lo habría hecho igual? Encubrió a un feminicida y revictimizó a Ariadna, esto no debe quedar impune.
Pensar en el caso nos da cuenta de la violencia a la que estamos expuestas las mujeres, la fragilidad de nuestra vida frente a cualquier hombre que cree que puede quitárnosla sin mayor consecuencia. El caso de Ariadna da cuenta del pacto patriarcal que existe en el sistema judicial y que es parte de lo que ha perpetuado la violencia feminicida. Sin embargo, también invita a reconocer, sin mezquindad, el papel de Claudia Sheinbaum y Ernestina Godoy al cuidarnos, haciendo bien su trabajo con sensibilidad con la realidad que vivimos las mujeres en México. Es arriesgada la comparación, pero en el caso de Debanhi Escobar, en Nuevo León, nos habría gustado ver la misma actuación que vimos de la Fiscalía y de la jefa de Gobierno.
Marcela Lagarde ha definido el feminicidio como “el asesinato de una mujer por el sólo hecho de ser mujer, lo cual lleva al extremo múltiples formas previas de hostigamiento, maltrato, daño, repudio, acoso, y abandono”. Éste y miles de casos nos reiteran cada minuto que no debemos dejar de luchar ni de exigir justicia hasta que no se asesine a ni una más ni se encubra desde el Poder Judicial a ningún asesino más.
