Desde su burbuja no se ve
Ningún político en la historia moderna de nuestro país tiene la trayectoria e influencia social que el Presidente ha logrado.
El domingo pasado vimos la manifestación más grande de la historia moderna de nuestro país. Se movilizó más de un millón de personas provenientes de toda la República —y del exterior— ante el llamado del presidente Andrés Manuel López Obrador; el motivo, 4 años de gobierno de un proyecto alternativo de nación al impulsado en las últimas décadas.
La oposición alega acarreo de personas. Aun cuando se ha demostrado que los ríos de gente que durante horas fluyeron de Reforma hasta el Zócalo, tenían claridad y convicción de estar ahí. Los sectores que se oponen al cambio en México quieren limitar dicha expresión popular a una movilización convocada desde el poder para “competir” con lo que movilizaron las élites en riesgo al usar la mentira de que la reforma electoral propuesta por el Presidente busca “acabar” con el INE.
El acto de este domingo refleja que el liderazgo de López Obrador se encuentra en una etapa nueva: cosechando las semillas sembradas durante las últimas décadas y, por ende, la conciencia social en su mejor momento. Como líder de oposición se caracterizó por su firmeza en la lucha por la justicia y la democracia, utilizando la palabra y su enorme capacidad para convencer, no sólo porque sea un buen orador o haga uso de la retórica, convence por su honestidad y cercanía, porque la mayoría de los mexicanos y mexicanas confían en él, porque no les ha fallado y, a pesar de los años, no ha dejado de ser un político auténtico.
Ningún político en la historia moderna de nuestro país tiene la trayectoria e influencia social que él ha logrado: en 1991 cuando sufrió el primer fraude electoral como candidato a la gubernatura de Tabasco, realizó el éxodo por la democracia, caminando desde su estado natal hasta la Ciudad de México; luego, en 1995 encabezó grandes manifestaciones por la misma causa y la inconformidad de diversos sectores en el estado.
En 2005, cuando era jefe de Gobierno de la CDMX, fue desaforado con la intención de meterlo a la cárcel y evitar que participara en la elección presidencial de 2006, pero es la manifestación de miles de personas en defensa de su gobierno, la que provoca que Vicente Fox, recule de dicha decisión. Hasta este domingo, fue justamente en uno de los varios actos de resistencia civil pacífica de ese proceso, en la marcha del silencio, en el que se había visto la concentración más grande.
En 2006, derivado del fraude electoral, otra vez las calles de la ciudad fueron inundadas por ríos de personas que frente a las inconsistencias, exigían un recuento de los votos; en toda Reforma y en el Zócalo, miles de personas se instalaron en plantón hasta conocer el fallo final del Tribunal. En 2009, miles de personas nos movilizamos en defensa de la soberanía nacional y en 2013 contra la privatización del petróleo. Antes del triunfo electoral de 2018, el Presidente encabezó cientos de mítines en las plazas públicas del país y es el mexicano que más conoce cada rincón de nuestra patria.
Durante todo ese tiempo, su objetivo ha sido la revolución y movilización de conciencias, la construcción de una nueva manera de hacer política y de gobernar, la transformación del país pensando en las personas que más lo necesitan, luchando contra la desigualdad, la corrupción y por una auténtica democracia en México. Hoy son varias generaciones no sólo permeadas por dichas causas y convicciones, sino además conscientes, empoderadas y con la determinación cívica para seguir transformando este país.
Por eso no es casual que López Obrador dirija cada día más su mensaje a las juventudes, porque como dijo: “¡Hay relevo!” y contar con una nueva generación de ciudadanos haciendo política diferente es garantía de que su ejemplo y convocatoria será de largo aliento.
Lo profundamente extraño y risible es que los representantes de la política rancia no se han dado cuenta de lo que ha pasado fuera de su burbuja durante tanto tiempo. No lo entienden, por enfocarse en defender sus privilegios, no escuchan tantas voces y además, intentan negar la existencia de millones de mexicanos en esa ruta, se burlan de ellos y les nombran con desprecio.
