Yoani Sánchez me advierte que la batería de su celular está por agotarse. Es de madrugada en La Habana y el largo apagón —como el de ayer y anteayer— no tiene para cuándo acabar. En esas condiciones, me entrega los últimos minutos de energía de su enlace con el mundo.
No hay tiempo que perder: en Cuba todo es urgencia: aprovechar un minuto de electricidad, acarrear agua, comprar, comer, sacarse una infección, encontrar una consulta médica.
Le pregunto a la famosa bloguera, activista y periodista que quizá hoy sea la voz más potente de quienes, desde hace varias semanas, no cesan de protestar, todavía tímidamente, contra la infernal situación. ¿Qué le pides, de mujer a mujer, a la presidenta Sheinbaum? “Que, por favor, recuerde que Cuba no es el régimen”, me responde con economía de recursos. “Que haga una distinción. El cubano es un pueblo plural y este régimen —la dinastía del castrismo— ha secuestrado esa pluralidad y habla en nombre de nosotros. Le pido que separe esa Cuba oficial de la Cuba real. Que entienda que el pueblo quiere un cambio. Se lo digo porque hay mucha confusión. Y a veces mucha camaradería ideológica que se superpone a lo que debería ser una solidaridad de ayuda pueblo a pueblo”.
Dejo de escucharla. Supongo que la batería del celular se agotó, como tenía que ser. Guardo sus palabras inconclusas en las horas agrias de la dura sobrevivencia.
