El lunes de la semana pasada se conoció que las autoridades de España investigan por supuesta corrupción al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
El sábado, los principales partidos de oposición —PP y Vox— se unieron a una marcha de organizaciones civiles en Madrid y la volvieron un acontecimiento multitudinario, inocultable. Exigen la caída del gobierno. Hay un cataclismo.
En México, se cumple mes y medio de que el gobierno de la presidenta Sheinbaum y la 4T acusaron a la gobernadora Maru Campos de violar la soberanía nacional y varias leyes por permitir que agentes de la CIA participaran en un operativo en el que se desmanteló una fábrica de drogas.
Exceptuando a ciertos legisladores en tribuna, el PAN, partido de la gobernadora de Chihuahua, acaso expresó una tibia contrariedad. Maru Campos ha dicho que hoy se apersonará en la FGR de Ciudad Juárez para atender el requerimiento que se le hizo.
Ante la eventualidad de una chicana, el líder nacional del PAN, Jorge Romero, aseguró el lunes —apenas el lunes—: “Nos vamos a volver locos si le ponen un dedo a nuestra gobernadora”. Y dibujó lo que podría venir: volcarse a las calles, huelgas, clausuras. El manual de la resistencia civil pacífica, pues.
Algo que estos jerarcas azules —metidos sólo en debates en medios y en ganar likes—, no practican. Aseguran ahora que irán a fondo, como locos. Habrá que verlos en la batalla. Porque de lengua…
