Antes de escribir sobre la protesta de ayer en La Habana de activistas y familiares de presos políticos en Cuba (mil 197, de acuerdo con Prisoners Defenders) y, por supuesto, de ligarla con la opacidad informativa del gobierno mexicano en el envío de petróleo a la isla asolada (“ayuda humanitaria”, según la presidenta Sheinbaum), encontré una crónica extraordinaria en el sitio noticioso 14ymedio.
Un trabajo de Darío Hernández y Miguel García que cuenta las tristezas de un viejo que se ganaba la vida rellenando encendedores desechables y ya no puede hacerlo por la falta de combustible. La crónica describe además las gasolineras vacías, los grupos de Telegram en donde se organizan las colas virtuales y la aplicación Ticket para aspirar a un turno: “Con suerte, la confirmación llega en dos o tres meses, pero incluso entonces el resultado puede ser frustrante: el día señalado puede que sólo haya gasolina motor o regular, de menor octanaje, inservible para muchos vehículos”.
En esa ruina cruel, una trabajadora suelta: “Maduro nos abandonó”. Nuestro Palacio Nacional, pienso, podría consolarla con un: pero México, no. Siempre es un privilegio leer una crónica estupenda. Puede recordarnos, por ejemplo, que abajo de los dictadores hay personas padeciendo. Quizás a ellas se refiera la Presidenta cuando habla de ayuda humanitaria.
