Ver llover a Trump y no mojarse

Trump y su gobierno ofrecieron ayer otra jornada de recordable espectacularidad. Temprano, la Suprema Corte de Estados Unidos echó abajo los “aranceles recíprocos” que la Casa Blanca impuso a medio mundo en abril –a México no, pues nos protegió el T-MEC–.

En una más de sus reacciones furibundas, Trump respondió imponiendo nuevos aranceles generalizados a medio mundo –a México no, por el T-MEC–. El gobierno mexicano fue cuidadoso de no opinar sobre el primer hecho ni de festejar el segundo del teatral viernes. Quizá porque, en términos generales, nada esencial parecería cambiar para nosotros.

Los analistas dirán que, al reducirse las tasas arancelarias reales a productos chinos, vietnamitas, etcétera, México perderá competitividad y deberá protegerse. Veremos. Lo cierto es que, en el estresado universo del comercio exterior, el gobierno mexicano parece seguir sorteando estos chubascos sin mojarse –o al menos sin empaparse–, resultado de una política clara y lógica frente a Washington, que no sólo ha evitado daños catastróficos, sino que también ha permitido aumentar las exportaciones a Estados Unidos y mantener un intercambio binacional superior a 800 mil millones de dólares.

Se dirá que persisten los aranceles al acero, el aluminio, las autopartes, pero, como destacó hace unas semanas el Wall Street Journal, la economía mexicana continúa siendo la inesperada ganadora con los aranceles de Trump. Éxito de la estrategia “cabeza fría en la turbulencia” de Sheinbaum-Ebrard.

X: @CiroGómezL

X