Antes de que acabara noviembre, el gobierno federal perfiló que el CJNG había estado detrás del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ultimado el día 1 de ese mes. Otra vez el CJNG.
La Defensa Nacional agregó, además, que Manzo era una presa fácil, pues rechazaba mantener cerca a la escolta de guardias nacionales que le fue asignada.
Después conocimos que estaba protegido por una punta de imbéciles, o de traidores. Varios integrantes de su escolta serían encarcelados por el supuesto delito de homicidio calificado por omisión.
El tiempo corrió. Ayer, el secretario Omar García Harfuch informó de la captura del presunto autor intelectual de la ejecución de *Manzo: Ramón Ángel Álvarez Ayala, El R1, líder de Los R, una célula del CJNG con presencia en esa zona de Michoacán dedicada a la extorsión, el homicidio y el tráfico de drogas.
El gobernador Ramírez Bedolla celebró de inmediato la detención con la conocida tonada del duro golpe a la criminalidad.
Quisiera creer que la versión oficial es impecable y que, en efecto, se trató del cártel de las cuatro letras. Pero me cuesta pasar por alto que, en otro caso de impacto nacional, la autoría intelectual vuelva a recaer en alguien tan cómodo y tan compatible con el discurso del régimen.
Nunca un adversario es el cerebro. Jamás la orden proviene de un grupo del poder. Para eso están y para eso sirven las cuatro letras.
