El sudafricano Ramaphosa en el Estadio Banorte

El 23 de abril, Gabriela Cuevas me dijo en entrevista que el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, les había informado que asistiría al partido inaugural del Mundial: el México-Sudáfrica del 11 de junio en el Estadio Banorte.

Pasaron ya varios días de eso sin que el gobierno federal confirme lo que su representante en el gran evento de futbol nos adelantó. Sorprende que no lo presuman, pues fue la presidenta Sheinbaum quien lo invitó. Habrá que preguntarlo de nuevo.

Quizá Ramaphosa cambió de planes o tal vez el gobierno mexicano le sugirió que mejor vaya a otro encuentro. Al Sudáfrica-Corea del Sur, por ejemplo, el 24 de junio en el Estadio BBVA de Monterrey. Porque será muy cuesta arriba explicarle al mundo por qué la presidenta Sheinbaum no acompañaría en el palco a un mandatario que recorrerá 14 mil kilómetros para llegar; justificar que la ausencia obedeció a que le regaló su boleto a una niña, y no al temor a una rechifla.

Hace dos semanas estuve en el partido semifinal de la Champions en el Estadio Metropolitano de Madrid. Jugaron el Atlético local contra el Arsenal londinense. Asistieron 70 mil ardientes fanáticos que no cesaron de saltar, gritar, cantar, insultar. Un minuto antes del inicio, las pantallas mostraron al rey Felipe en las gradas. Cierto es que el monarca es hincha del Atlético, pero no vi ni escuché que le ruda afición le chiflara o injuriara. Comenzado el juego, nadie reparó en él.

Es falso, entonces, que un jefe de Estado de una democracia del siglo XXI no pueda salir con el pellejo a salvo de un estadio de futbol atiborrado.