Es muy poco probable que la presidenta Sheinbaum haya emplazado al señor Markwayne Mullin para que se presentara en Palacio Nacional el jueves 21 de mayo. Y que el secretario del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos acudiera presto y gentil a escuchar una perorata. No entro en las versiones —casi siempre ficticias— sobre lo que pudo haber ocurrido en los minutos, largos o breves, de la reunión. Me quedo con la frase de admirable economisismo de la Presidenta: “Acordamos seguir colaborando conjuntamente en el marco de respeto de nuestros países”. No hubo atrevimiento para reclamarle en público lo que tanto se le cobra a la gobernadora de Chihuahua. Porque lo que haya ocurrido en aquel operativo de los narcolaboratorios y los agentes de la CIA pasa, obligada, inexorablemente, por Washington. La contradicción es mayúscula y metodológica y políticamente insoportable: por el mismo suceso se apedrea a Maru Campos y se le da un apretón de manos al señor Markwayne. La disonancia es cobarde.
PD: Amigos del PAN y los movimientos cívicos me criticaron por escribir ayer que en la oposición política no hay hoy, ni remotamente, una figura del tamaño y fuerza de Maru Campos. Me piden que lo demuestre. Prefiero poner un ejemplo. No sé quién otra, otro, estaría el mismo día en entrevistas recias con Pascal, Joaquín, Loret y Por la mañana.
