Scherer

Combinando los capítulos finales con los numerosos textos y comentarios despectivos y elogiosos en los medios, terminé de leer Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. Dejo de lado el escándalo y los señalamientos moralizantes que han circundado a este trabajo y me quedo con mi lectura periodística, informativa de la obra.

Desde esa perspectiva, me parece un libro excepcional. A través de una entrevista de trazo limpio, Scherer, un hombre históricamente esquivo, entrega una canasta pletórica de hechos, conversaciones, anécdotas, situaciones, intimidades no contadas.

Sobre López Obrador, desde luego, pero también sobre una veintena de personajes de tallas distintas: a algunos los refiere con cariño y afecto; a otros, con abierta hostilidad. Los pinta, abraza, cuestiona o enjuicia desde su subjetividad, claro está: la subjetividad del entrevistado. Se podrá decir que no documenta varias de sus descalificaciones o que, en ocasiones delicadas, reserva información sustantiva.

Yo me quedo con lo que aporta, no con lo que imagino que falta o podría ser dudoso. Con el retrato que acaba haciendo de López Obrador persona y político; con la crítica que le formula –no entiende de economía, no es un buen administrador–; incluso con los relatos que no creo – cuenta, por ejemplo, que el tabasqueño no tenía dinero para cambiarle llantas a su camioneta, increíble tratándose del rey del cash–. Y con la claridad de las frases en que Scherer decidió ser preciso. Un libro rico en notas y datos no puede ser, en ningún caso, un pasquín inmundo.

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