La provocación de Rubén Rocha

El domingo 31 de mayo, en una plaza llena, la presidenta Sheinbaum presentó una vehemente pieza de oratoria ante los suyos. Dijo, para que se escuchara con exactitud en Washington: “Hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que el Departamento de Justicia se vuelva el principal elector de México; eso no lo podemos permitir”.

Estados Unidos había informado que quería llevarse y juzgar al gobernador Rocha, ya entonces con licencia y escondido. Pero el régimen de la 4T lo impediría al costo que fuera. Escudaría a Rocha y a quienes aparecieran en futuras listas.

Ayer, tres meses y medio después de aquello, 112 días después de que Rocha se apartara del cargo, el sinaloense regresó con la asombrosa noticia de que retomaba funciones.

Algo grave debió ocurrir, algo que transmutó al acobardado, arratonado Rocha en un fanfarrón, presuntuoso, matasiete, que volvía con un grito de guerra que, en las circunstancias actuales, era una provocación.

Se autonombró inocente de “las patrañas que han urdido en mi contra personeros de la ultraderecha para dañar al movimiento político en que milito”. Exaltó que su reaparición se daba con la frente limpia y en alto. Completó, además, el discurso de la Presidenta, machacando que no hay “mínimos elementos de prueba” en su contra.

El mensaje es todavía más claro que el del 31 de mayo: vinieron por Rocha y no pudieron; menos podrán con los López ObradorBeltrán, con AdánDurazoAméricoMarina. Los pinches gringos no pasarán. Y los mexicanos hostiles, que se cuiden. Una nueva temporada ha comenzado.