De carácter amable, observador y silencioso, Fernando Andriacci comprendió desde muy joven que la fascinación del arte se encuentra en convertir la ficción en una realidad. Y por lo mismo, sus personajes y universos se perciben como una verdad que exige ser mirada. Tomo la frase de Blanca González Rosas, autora de este deslumbrante libro sobre el “pintor de la alegría”. El libro Andriacci, una vida de arte y color (editado por Rizzoli) se presentará esta tarde en Madrid, en la Casa de México en España, con la participación de Blanca, Nancy Mayagoitia y Francesco Baragiola. Le pregunto al pintor oaxaqueño de 54 años –San Juan Bautista Cuicatlán–, tan sencillo a pesar de su fama, prestigio y éxito, si él, el Andriacci de 2026, se siente primero oaxaqueño y luego mexicano, o viceversa. “Primero oaxaqueño”, responde sin dudarlo. “Nos sentimos muy orgullosos de nuestras raíces, nuestra cultura y lo que representamos como oaxaqueños”. Le pregunto también qué piensa del debate, ya bastante desgastado, sobre la Conquista y los excesos. Tampoco tarda. Dice, con ese vocabulario que, según Blanca, enmarca la emotividad de los colores: “Debemos retomar todo lo que nos ha aportado esta gran nación española para transformar y crecer. Creo en que hay que sumar siempre y que lo que más necesitamos en momentos tan críticos es aglutinar, crear hacia adelante y no estar viendo al pasado”. Sencillo, conciliador. Alegre.
