El “inverosímil” choque de trenes

(Octubre 28, 23:59 hrs.) No había percibido tanto dolor y tanta vergüenza en España. Atrapados en la irrefrenable verborrea de los políticos rumbo a las elecciones del 29 de noviembre, los españoles parecían resistirse, además, a aceptar cómo se despedazaba la convicción de tener los mejores trenes de Europa.

Es comprensible: se trató del segundo siniestro fatal en nueve meses en esa zona ferroviaria. El anterior, el de Adamuz, cobró 46 vidas. Este miércoles, al menos 68 personas murieron en un choque de trenes en el municipio toledano de Urda, en la ruta Madrid-Sevilla-Madrid. Abatidos, los españoles asumían que el sistema de seguridad y control había colapsado en un tramo de 63 kilómetros; que el centro de control, en efecto, ordenó la reanudación del tráfico; que el tren recorrió 25 kilómetros en 17 minutos sin que nadie advirtiera que se dirigía al choque brutal contra otro tren detenido.

Y repudiaban, en calles y bares, que el nuevo sistema de señalización no estuviera listo desde 2024, como habían prometido las autoridades; que siguiera sin funcionar debido a obscenos retrasos en las licitaciones y adjudicaciones.

Sus trenes siguen transitando hoy por esos tramos con sistemas instalados en 1992. Pero el gobierno calificó el hecho como un accidente inverosímil, originado por una decisión humana inexplicable en el centro de control ferroviario. El ministro de Transportes, Óscar Puente, descartó dimitir. Dijo no estar en una situación emocional para pensar en ello.

No se puede normalizar lo que no es normal, repetían técnicos y analistas en los programas nocturnos de la televisión. España hierve y llora.

Quizá debería tomarlo en cuenta la presidenta Sheinbaum, que juguetea con la idea de venir a Madrid la próxima semana. Madrid: a 144 kilómetros de Urda