Se diluye el viejo lopezobradorismo

El 10 de marzo, horas después de que el Consejo Nacional de Morena anunciara los tiempos y métodos para elegir a sus 17 coordinadores de Defensa de la Transformación, preguntamos aquí si el partido apostaría por candidatos que dieran continuidad a la dudosa y manchada generación de gobernadores lopezobradorista 2021-2022. Pregunté si el gobernador Rocha conseguiría poner a su carta, Enrique Inzunza. Si Andrea Chávez sería palomeada en Chihuahua sin importar su grupo político. Si Rafael Marín Mollinedo acabaría imponiéndose en Quintana Roo. Si la encuesta favorecería al alcalde de la violenta Ciudad Obregón, Javier Lamarque. Si el salgadismo prevalecería en Guerrero y la tepiqueña Geraldine Ponce lo haría en Nayarit. Nada de eso ocurrió. La vieja guardia, desprestigiada y, en varios casos, en huida, no se multiplicará. Se dirá que Lorenia Valles (Sonora), Pablo Gutiérrez (Campeche), Verónica Díaz (Zacatecas), Eugenio Segura (Quintana Roo) y Carlos Torres (Michoacán) son perfiles de continuidad. Quizá lo sean, aunque difícilmente encajan en los moldes y componendas de hace seis años. Se impuso la necesidad del relevo. Se impuso Palacio Nacional. Creo que con estas 17 candidaturas entramos a otra época. El viejo lopezobradorismo pierde capacidad de reproducción. Se difumina. Se diluye.