Sin ninguna sorpresa, la FGR confirmó ayer, con formalidad ministerial, lo que la presidenta Sheinbaum había perfilado el jueves desde la política y las emociones: no hay motivo, fundamento ni evidencia para apremiar la detención provisional de Rubén Rocha.
El régimen ha tomado, por lo pronto, la decisión de blindar al gobernador de Sinaloa ante la exigencia de la justicia estadunidense.
Tocaría ahora el turno al partido. Morena celebrará mañana en el WTC de la Ciudad de México una sesión del congreso nacional extraordinario donde elegirá a su nueva presidenta y a su nuevo secretario de Finanzas.
Era un evento planeado para encumbrar a Ariadna Montiel, pero la acusación de Estados Unidos contra Rocha ha puesto las cosas de cabeza. De ahí que no habría mayor nota —salvo, claro, la eventual presencia de López Obrador, quien llegaría a “defender a la patria de la amenaza extranjera”— que la asistencia del sinaloense, si es que así lo resuelve Palacio Nacional.
Si Rocha pisara el salón del WTC, lo lógico sería que los cientos de consejeros se pusieran de pie y le obsequiaran una ovación fuerte y prolongada. Lo decíamos ayer: por inverosímil que parezca, se le está convirtiendo en el símbolo patrio a proteger. Y un símbolo nacional merece al menos un instante de adoración.
Con esa standing ovation, el pleno de Morena enviaría una señal clara a Washington —y también a México— desde un acto en el que, como marca la convocatoria, “se deberá velar por el legado que ha construido el licenciado Andrés Manuel López Obrador y apoyar la presidencia de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo”. Domingo, 11 de la mañana.
