Esta tarde, en el estadio de Nueva Jersey, la presidenta Sheinbaum hará lo que evitó hacer aquí: sonreír ante miles de personas fuera de su ámbito de control. Pero eso carece ya de relevancia. Es probable que los asistentes a la final del Mundial le regalen un aplauso breve, de cortesía. Después seguirá el evento, durante tres horas o más, al lado de Trump, Infantino y Carney. Y está muy bien, porque ahí es donde debió haber estado el domingo 19 de julio de 2026. Se cerrará de esta manera el ciclo que comenzó en Washington el 5 de diciembre, en la ceremonia del sorteo de los grupos, con Trump, Infantino y Carney. presentes. La imagen que transmitieron la Presidenta y los representantes mexicanos aquel día fue de excelencia: pulcros, serenos, seguros, inteligentes, contentos. Una gran jornada para la marca “México”. Y luego ocurrió lo que sabemos: México cumplió con nota sobresaliente sus tareas de sede y anfitrión. En el balance general, quizá no termine siendo tan importante que las cifras de turismo y derrama económica hayan quedado por debajo de lo esperado. A cambio, como lo expresa el anuncio postrero de Coca-Cola, muchos mexicanos sentimos, en efecto, una identidad y una cercanía que hace mucho no sentíamos. Nuestros 25 días de Mundial fueron blancos y extraordinarios. Tuvimos una Selección de la que nos enorgullecimos. En las calles se vivió una fiesta gustosa y colosal. Brilló lo mejor de México. Y todo se dio mientras Claudia Sheinbaum era la Presidenta. Ella puso lo que le correspondía. Ojalá disfrute la final y la clausura. México tuvo un éxito. Celebrémoslo.
