El cáncer de ayer, hoy ¿y mañana?
Pues sí, compañeros y compañeras. El cáncer más dañino que ha tenido México se llama corrupción. Desde tiempos de la conchinchina, como decía mi finada abuela, si bien nunca se nos explicó en dónde estaba eso, y qué época era. Misterios del cáncer de ...
Pues sí, compañeros y compañeras.
El cáncer más dañino que ha tenido México se llama corrupción. Desde tiempos de la conchinchina, como decía mi finada abuela, si bien nunca se nos explicó en dónde estaba eso, y qué época era.
Misterios del cáncer de México.
APERITIVO: LAS LEYES Y EL MENSAJE
Parecía una obra montada por Shakespeare, con su toque hamletiano ¿ser o no ser?, así como las complejidades de las brujas de Macbeth.
Es cierto que la ley es la ley y que la Secretaría de la Función Pública es, estructuralmente, parte del gobierno federal y, por lo tanto, subordinada al titular del Ejecutivo.
Ciertamente sólo al Presidente corresponde nombrar al secretario de esa dependencia. Es la ley hasta ahora.
Sin embargo, ¿era necesario que lo presentara en conferencia de prensa y que, en el mismo acto de darle posesión le girara instrucciones para que lo investigue a sí mismo, es decir, a quien le está dando posesión?
El mensaje claramente pega en la diana de la independencia del flamante funcionario, y lo desborda ante el perplejo respetable. ¿Ser o no ser?
Independientemente de la ley, o el prestigio del propio secretario Virgilio Andrade, que en su paso por el Instituto Federal Electoral dejó buen sabor de boca a quienes siguieron su desempeño.
La realidad es que la misma Secretaría de la Función Pública puede ser una buena Contraloría, pero no es suficiente para ser un órgano de Estado que combata la corrupción en un país como México, que lo padece desde sus mismas entrañas y de manera endémica.
Es, por decirlo, la aspirina que quita los dolores de cabeza... que provoca el cáncer.
PIATTO FORTE: LA CORRUPCIÓN
Todos coinciden: en esta legislatura que recién arranca, la máxima prioridad, el Big Tamali de esta legislatura es: el Sistema Nacional Anticorrupción.
De hecho, así fue enunciado desde que el actual Presidente entró a Los Pinos: la prioritaria creación de una Comisión Nacional Anticorrupción, que sustituirá a la Secretaría de la Función Pública, hoy en la lupa.
Desde ahí, quedó “descabezada” o bien, sin mayor impulso que el de administrar su propia existencia, en espera de la tan mencionada institución que la sustituya.
No obstante, pasaron dos años y no llegó dicha institución, o bien no llega todavía. Primero llegó un nuevo secretario, la revitalizaron, la empoderaron y la echaron al ruedo otra vez. Insuficiente es ya.
La realidad es que el combate a la corrupción ha sido prioridad desde siempre. Desde que México es un país independiente.
No digo que nunca se haya hecho nada, ni que nunca hayan existido iniciativas para combatirla. Está, por ejemplo, la misma creación de la Secretaría de la Función Pública, hasta la que quizá haya sido la más fructífera, como la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, creada en la administración de Fox, que vino a transparentar por vez primera una información que pertenece a los mexicanos, no a los políticos o funcionarios.
Sin embargo, el problema está en que una buena parte de la clase política mexicana no está en el interés de volver más rigurosa la fiscalización de sus propias personas y entornos.
Así, se ha generado una cultura de servicio público esencialmente corrupta. El servicio público entendido para servirse y no para servir, como bien resume la lapidaria frase de “un político pobre, es un pobre político”. Tan mexicana. Tan reveladora.
Así, para combatir la corrupción en este país hay que cambiar el eje cultural a la profesión del político y del servidor público: En esa profesión se ejerce para servir a la comunidad. No para hacer dinero.
No es que sea malo tener dinero o intereses. Lo malo es valerse de un cargo público para hacerlo, porque ese dinero es de todos y para beneficio de la población, por lo que hacer dinero es una profesión propia del empresario o profesionista independiente, no del político.
De las ocho acciones que anunció el Presidente rescato una que quizá sea la medida más eficaz: la Declaración de Intereses que los funcionarios habrán de hacer a partir de mayo.
Este concepto de declaración ha funcionado muy bien en EU y el Reino Unido.
Además de su patrimonio (lo que tienen), que sirve para saber qué tienen al entrar en un cargo y qué tienen al salir de él, para establecer si es razonable o no su crecimiento, también está la declaratoria de intereses, misma que permitirá saber con antelación en dónde están ubicados los intereses de cada servidor y su entorno, que le permita excusarse en aquellos asuntos donde puedan colisionar con estos intereses en su función, de tal manera que se puedan evitar futuros conflictos.
Por lo menos en esos países se ha cerrado espacios a la corrupción
¿En México podrá contra las resistencias culturales?
DOLCE: EL PROCESO LEGISLATIVO
En estos últimos años, los disensos entre PRI, PAN y PRD, no han permitido consolidar el Sistema Nacional Anticorrupción.
Que si no se ponen de acuerdo en cómo se integraría el órgano colegiado especializado en combatir la corrupción, cómo construir su independencia en un país obviamente más desconfiado que la tía Tacha, quién tendría que ser el fiscal de una Fiscalía Especializada en Delitos Relacionados con Hechos de Corrupción, etc.
Es fundamental encontrar ya una eficaz ingeniería de consensos que ataje de manera convincente a este cáncer que hoy mantiene al país en etapa terminal, con su metástasis que ha dado origen a verdaderas tragedias mayúsculas como las de los normalistas, por citar un ejemplo.
Medicina ya. Café, también. Ahora.
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